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El cambio es necesario

Septiembre 15, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Hace muchos años, la reforma a la Policía Nacional para adecuarla a las realidades de nuestra Nación ha sido tema permanente de preocupación y de propuestas. Y no sólo por los hechos que, como ocurrió la semana pasada, cometen algunos de sus integrantes contra los derechos de la gente.

Con todo y sus imperfecciones o de sus limitaciones, la Policía ha sido una de las instituciones más importantes en el combate a la delincuencia y en la seguridad de los colombianos. Lejos de cualquier sentimiento o influencia de las banderas políticas, quienes pertenecen o han pertenecido a ella han demostrado su compromiso en defensa de la Constitución y de los derechos inherentes a cada ciudadano.

Su historia de sacrificio y entrega es uno de los grandes aportes de los policías a la construcción de una historia de combate a favor de las libertades o en contra de las organizaciones que como el narcotráfico, la subversión o la delincuencia común han golpeado a nuestra nación. Por ello, y a pesar de los últimos hechos y de la intención manifiesta por deslegitimar su tarea y su compromiso, ellos merecen el reconocimiento y las gracias que han recibido de parte de millones de colombianos por su abogado servicio.

Otra cosa es que se necesite un cambio para adecuar la Policía a las épocas presentes y para responder a los retos de hoy. Cuando existen tantas formas de desconocer la ley, cuando la protesta social es un derecho fundamental y debe reconocerse ante todo la a veces delgada línea que separa el cumplimiento de la facultad de aplicar la fuerza legítima para conjurar las conductas que amenazan la seguridad y la tentación de abusar de ese atributo, es imposible negar la necesidad de revisar el papel de la Policía y su marco de acción.

También es momento para redefinir las atribuciones de las autoridades civiles como los alcaldes y gobernadores, y sus responsabilidades, para evitar actuaciones que, como las de la Alcaldesa de Bogotá, terminen deslegitimando una institución fundamental en nuestro ordenamiento jurídico. Y de redefinir si la Policía es una institución de carácter militar con todas sus consecuencias o debe dársele un carácter más civilista que permita acercarla a los ciudadanos sin perder su esencia como autoridad.

Por supuesto, no debe pensarse en regresar a las épocas en las cuales la Policía dependía de alcaldes y gobernadores lo que llevó a su politización, fruto de lo cual fue la violencia que protagonizó la vida colombiana en la primera mitad del Siglo XX, obligando a unificar su dirección en el Gobierno Nacional. Y tampoco puede llegarse a atar sus manos en el combate al delito de tal manera que impida cumplir la misión que hasta ahora ha realizado con resultados reconocidos en todo el mundo.

Es innegable la necesidad de realizar cambios en la Policía para que pueda enfrentar los retos que hoy presentan la seguridad de los colombianos y la sofisticación creciente del crimen. Pero debe ser una reforma que fortalezca su papel en la sociedad y le devuelva la confianza que se pierde a causa de los malos procedimientos y los abusos de algunos de sus integrantes.

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