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El ambiente electoral

Octubre 26, 2011 - 12:00 a. m. Por:
Elpais.com.co

"Lo que a los colombianos les preocupa es la forma en que se está asegurando la transparencia del proceso electoral y la manera en que las autoridades van a evitar que se repitan los hechos que, elección tras elección, atentan contra la verdad de la voluntad popular".

Dudas sobre la seguridad, dudas sobre la transparencia y la capacidad del Estado para detener los intentos por falsear la voluntad popular. Dudas en fin sobre la credibilidad del proceso electoral con el cual se renuevan los gobiernos en las alcaldías y gobernaciones, además de elegir los cuerpos colegiados que deben vigilar la gestión de las autoridades administrativas que resulten escogidas en el certamen que se realizará el próximo 30 de octubre. Es el ambiente que rodea un proceso que debería estar alejado de cualquier sospecha o de cualquier temor, por la importancia de las decisiones que tomarán los electores. Es un error pensar que se trata de elecciones menores: allí se maneja casi la mitad de los recursos que le ingresan al Estado en Colombia, ya sea por la vía de las transferencias del presupuesto nacional, por la generación de ingresos propios o mediante el endeudamiento de los entes territoriales. Pero, además, se trata de elegir a quienes durante los próximos cuatro años orientarán las instituciones más cercanas al ciudadano. Las que ejecutan los programas dirigidos a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos; las que deben garantizar la armonía y la convivencia entre los ciudadanos; aquellas que deben velar porque se suministre educación, salud y servicios públicos en cada uno de los 1.102 municipios colombianos y las que deben orientar el uso de las regalías en los departamentos. Esa somera enumeración es suficiente para resaltar la importancia de los comicios electorales que tendrán lugar el próximo domingo. Y refleja las razones por las cuales son tan perseguidas por la ilegalidad, produciéndose fenómenos gravísimos como la unión de los políticos con el paramilitarismo y vicios corrosivos como la trashumancia electoral, como el fraude y la compra de votos. Detrás de ellos aparecen las amenazas, los atentados y los asesinatos de aspirantes que no se pliegan a las exigencias de quienes montan toda suerte de organizaciones para apropiarse de alcaldías y gobernaciones.Ese es el ambiente que se vive en muchas regiones de Colombia, del cual el Valle es protagonista. Por supuesto, hay que reconocer el esfuerzo del Gobierno Nacional por ofrecer garantías y tranquilidad mediante el despliegue amplio de la Fuerza Pública, lo que hace esperar que no se produzcan hechos de sangre. Lo que a los colombianos les preocupa es la forma en que se está asegurando la transparencia del proceso y la manera en que las autoridades van a evitar que se repitan los hechos que, elección tras elección, atentan contra la verdad de la voluntad popular. Nos referimos a los fraudes que se consuman desde las mesas de votación hasta la propia Registraduría Nacional del Estado Civil; a las alianzas de muchos políticos con organizaciones criminales con el propósito de apoderarse de los gobiernos para asaltar sus arcas públicas o para legitimar fortunas mal habidas. Y a la inexplicable resistencia del Estado colombiano a cambiar de raíz los sistemas electorales para evitar que cada elección se profundicen los hechos que atentan contra la credibilidad de la democracia.

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