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Educación y salud

Agosto 09, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

El coronavirus ha obligado a los gobiernos y ciudadanos a adaptarse a la llamada “nueva realidad”, donde uno de los campos más afectados por el virus es la educación. Desde el inicio de las cuarentenas la mayoría de los niños del mundo se alejaron de las aulas.

Hoy los padres de familia, profesores y mandatarios enfrentan un nuevo año escolar. En palabras del Secretario General de la ONU, António Guterres, el mundo enfrenta una “catástrofe generacional” sin colegios por lo cual el volver a clase debe ser una máxima prioridad global.

El regreso a la educación implica esfuerzos enormes de preparación, en higiene y distanciamiento social, en realización de pruebas, adaptación de la ocupación de los salones, la cantidad de alumnos permitidos, el transporte y la distribución de los buses, y los protocolos para evitar el contagio y atender los casos positivos. Los profesores son los más preocupados, y los estudiantes, una incógnita.

Los gobiernos están entre la salud y la educación escolar. Continuar sin cursos presenciales trae consecuencias para los niños, las familias y la sociedad. No todos los estudiantes tienen herramientas para estudiar en casa como internet o computadores. En situaciones donde hay hacinamiento, refugiados, y limitaciones económicas y laborales, la presión es mayor y en muchos casos la enseñanza se abandona.

Además, en muchos países los colegios públicos suministran gratuitamente las tres comidas de los niños, son centro de actividades físicas y de vida social. La salud, la alimentación y el bienestar están en juego. Pero está demostrado que el retorno al colegio genera nuevos brotes y pone en peligro a los profesores y padres de familia.

Hoy, dentro de un mismo país hay medidas opuestas. Estados Unidos se alista para las clases de los colegios de Nueva York, mientras los de Washington se mantienen cerrados. En el resto de la nación, los gobernadores demócratas tienden a empezar clases virtuales mientras los del Partido Republicano ordenan regresar a las aulas.

En Alemania, 150 mil alumnos empezaron clases. Cinco días después, cerraron dos colegios. Francia y Noruega abrieron con más protección y menos alumnos. En España se abrirán en septiembre en medio de un resurgimiento del virus. En Inglaterra se plantean cerrar los ‘pubs’ para compensar los contagios de la apertura de colegios. En Pakistán, con limitado acceso a internet, el gobierno habilitó un canal de televisión para la enseñanza remota.

En Israel, que abrió las puertas en mayo, las consecuencias fueron nefastas. Hubo contagios de estudiantes, profesores y maestros. En Suecia, uno de los pocos países que nunca cerró las escuelas, no hay nuevos brotes. Japón, más conservador, implantó precauciones estrictas de alternancia y pruebas diarias. Uruguay, con 3,4 millones de habitantes, creó un sistema escalonado de regreso que empezó con los estudiantes de bajos recursos.

La lección final es sencilla: más ciencia y menos política, más planeación, y menos improvisación. La prioridad debe ser reanudar con responsabilidad las clases y garantizar el bienestar de niños y maestros.

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