Drama sin fin

Drama sin fin

Enero 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"La indiferencia y la indecisión son la carne que alimenta a diario al monstruo en que se convirtió el hacinamiento carcelario en Colombia. Existe una emergencia que así no esté declarada obliga a actuar ya, por la seguridad de la Nación y por el respeto a los derechos fundamentales que tiene todo ser humano, incluso quien se encuentra preso".

La indiferencia y la indecisión son la carne que alimenta a diario al monstruo en que se convirtió el hacinamiento carcelario en Colombia. Existe una emergencia que así no esté declarada obliga a actuar ya, por la seguridad de la Nación y por el respeto a los derechos fundamentales que tiene todo ser humano, incluso quien se encuentra preso.Los sucesos de los primeros días del año reflejan hasta dónde ha llegado el problema de las cárceles por la falta de una política penitenciaria coherente y eficaz. Ya no sólo son los 138 reclusorios que operan en el país los que padecen por la sobrepoblación del 50% en sus instalaciones o casos extremos como el de Villahermosa en Cali donde el hacinamiento es del 260%. El drama se trasladó a las estaciones de Policía, las Unidades de Reacción Inmediata, Uri, y a los centros municipales de detención provisional que ya no dan abasto.La fuga de 25 personas en dos Uri de Bogotá es apenas la punta del iceberg carcelario, que avanza a la deriva y no tiene doliente conocido. Con la protesta de los guardas del Inpec, que desde mayo del año anterior se niegan a recibir más de dos internos por cárcel al día, la capacidad de los centros de reclusión temporales se desbordó. A ello se suma el paro judicial de 70 días, que ha paralizado 138.000 audiencias y procesos.En Cali las estaciones de Policía no saben qué hacer con las 579 personas que esperan su traslado a las penitenciarías o decisiones sobre su situación. En la capital del país hay parques para la recreación infantil acordonados, que albergan decenas de presos en condiciones paupérrimas, quienes incluso deben pagar para acceder a un baño. Hay retenidos durmiendo en camiones, entre cinco y diez presos metidos en cuartos donde sólo caben uno o dos, problemas para suministrar la alimentación en las cárceles como ocurrió al final del año en la Costa Atlántica y Casanare. Es el caos sin fin.Frente a tal crisis se debe insistir en que la solución no sólo está en destinar más recursos para superar el hacinamiento carcelario. Se necesitan políticas criminales y penitenciarias coherentes, que se acaten y ante todo les garanticen sus derechos a los presos, lo que implica brindarles condiciones dignas de reclusión, cumplir con la labor de resocialización y asegurarles oportunidades para que inicien una vida diferente cuando cumplan sus condenas. De lo contrario, para lo único que servirán las cárceles colombianas es para alimentar la espiral de la violencia.El problema carcelario no puede ser tratado con indiferencia ni con discursos que no conducen a nada, como ha sucedido hasta ahora. De las acciones que se emprendan dependerá la solución a uno de los problemas más graves que afronta el país, se garantizarán la aplicación de la Justicia así como el derechos de condenados y detenidos a recibir el trato humano que merecen y se le brindará a la sociedad la seguridad necesaria. Todo lo que hoy no hace el Estado Colombiano incapaz hasta ahora de afrontar con decisión el drama penitenciario.

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