Divorcio inaplazable

Divorcio inaplazable

Noviembre 02, 2018 - 11:12 p.m. Por: Editorial .

“O nos divorciamos del plástico, o nos olvidamos del Planeta”. La frase de Leo Heileman, director para América Latina del Programa de Medio Ambiente de la ONU suena exagerada, pero define bien lo que se debe hacer hoy para enfrentar al que se ha convertido en enemigo letal de los océanos, los ecosistemas y la salud de los seres vivos. Voluntad y sentido común son necesarios.

¿En qué momento un material revolucionario, que se utilizó en elementos de uso cotidiano para facilitar la vida de todos, se volvió un dolor de cabeza para la humanidad? El cálculo falló en más de un sentido: primero su duración casi eterna, que en principio se consideró un gran beneficio, se convirtió en el problema mayor en una sociedad de consumo como la actual.

Lo segundo es que no se midió lo que pasaría con la diversificación de su uso ni a dónde irían a parar los millones de toneladas de desechos plásticos producidos al año. Apenas hace unos años el mundo empezó a hablar del reciclaje como solución, pero en países como Colombia ni siquiera se ha logrado crear la conciencia individual para que así sea ni se ha desarrollado una verdadera industria en ese sentido. El avance más importante ha sido cobrar un impuesto a las bolsas para reducir su consumo, pero ello no es suficiente.

Son 8.600 millones de toneladas de artículos plásticos producidos desde mediados del siglo anterior. El 70 % de esa cantidad ha terminado en los océanos, en los ríos, tirados en basureros a cielo abierto o en las calles de cualquier ciudad; ahí pueden estar por 300, 500 o 1000 años sin que pase nada, porque dependiendo del material utilizado esos son los tiempos que demoran en degradarse.

En su mayoría esa basura está conformada por elementos de un solo uso, por eso las campañas ambientales y las decisiones internacionales están dirigidas hacia ellos. Ahí están los pitillos, los platos y cubiertos desechables, las botellas no retornables de gaseosa o de agua, las colillas de cigarrillos, los globos de fiesta, los copitos de algodón o los empaques de las papas fritas. De ellos está repleto el fondo del mar o forman islas gigantes que se mueven por los océanos, son también los causantes de la muerte de miles de animales y sus micropartículas empiezan a detectarse en los seres humanos.

La parte positiva es que la misma industria del plástico y las empresas que utilizan sus productos, empiezan a tomar conciencia de su responsabilidad. La muestra es el Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticos que firmaron esta semana 250 organizaciones, entre ellas compañías como Coca Cola y Pepsi, para eliminar empaques innecesarios o rediseñarlos en otros materiales, crear unos que sean 100 % reutilizables o reciclables y dejar de utilizar en los envases plásticos productos químicos peligrosos para la salud.

Es un buen principio, que debe ir acompañado de decisiones políticas como la que hace trámite en la Unión Europea para imponer un plazo máximo de siete años para prohibir los plásticos de un solo uso. Sin embargo, son las acciones individuales y conscientes las que llevarán al éxito esas iniciativas. No debería ser tan difícil dejar de usar pitillos, volver a la época de las bolsas de papel o cambiarse otra vez a los platos reutilizables, así signifique lavarlos en el fregadero cuando se acabe la fiesta.

VER COMENTARIOS
Columnistas