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Dictadura contra Guaidó

Abril 01, 2019 - 10:55 p. m. Por: Editorial .

Un país sin agua potable, sin energía y con grupos paramilitares patrocinados por la dictadura para tratar de acallar la protesta social contra la destrucción de la cual es víctima Venezuela. Y un régimen que se empeña en acorralar y encarcelar al presidente interino Juan Guaidó como demostración de su desprecio por la democracia, es el resumen de lo que sigue padeciendo la nación vecina.

Y mientras tanto, las calles de Caracas se llenan de oscuridad, el metro se paraliza, los hospitales sucumben porque no tienen manera de atender a los enfermos, y los caraqueños deben acudir a las acequias para encontrar el agua que ya no corre por las tuberías de la que un día fue la ciudad más rica y pujante de Suramérica. A cambio, la tiranía insiste en un sabotaje o en el terrorismo contra la red energética, a pesar de que hace dos años militarizó las centrales generadoras y tiene a un general de su confianza y a miles de policías y soldados como responsables de la protección de ese sistema, vital para toda la actividad de cualquier sociedad.

Por eso, los venezolanos salieron a protestar de manera pacífica. Y el régimen soltó a los paramilitares para que dispararan, amedrentaran, encarcelaran y silenciaran a quienes se atrevieran a expresar su inconformidad. Decenas de videos que circulan en las redes sociales muestran las pruebas de la embestida realizada por los esbirros que comanda el conocido capitán Diosdado Cabello, tolerados con descaro por el general Vladimir Padrino, comandante de las Fuerzas Armadas de su país.

Esa es la última de las tragedias que padece Venezuela, y que ha obligado a más de cinco millones de venezolanos a huir de su patria, millón y medio de los cuales están en Colombia. Por increíble que parezca, Maduro y sus áulicos, respaldados a muerte por el régimen de Cuba que depende del petróleo entregado por la tiranía, siguen destruyendo la que fuera la nación con mayores reservas petroleras y la de mejor perspectiva de progreso.

Frente a esa usurpación, un hombre tomó las banderas contra el terror de la dictadura de Maduro, de los militares y del castrismo. Es Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional quien batalla por recuperar la libertad que su país necesita con desespero. Su lucha y la de quienes lo acompañan debe ser el símbolo de los demócratas que en América reclaman el fin del horror que padece Venezuela.

Ahora, la dictadura se prepara para encarcelar a Guaidó, usando el espurio tribunal de justicia que obedece sus dictados, y aprovechando lo que parece ser una pérdida de interés en la tragedia de Venezuela. Contra ello hay que reaccionar, hay que respaldar al presidente interino y evitar que se perpetúe lo que ya ha sido condenado por la comunidad internacional y descrito en detalle por la Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

En el caso de Colombia, se debe recordar que terminar con la tiranía que existe en el vecino es fundamental para combatir la violencia que desde allá se produce y se financia contra nuestro país, en una alianza infame y criminal con el régimen de Nicolás Maduro y sus secuaces.

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