Desperdicio letal

Desperdicio letal

Agosto 24, 2018 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

Con los niveles de hambruna que hay en el mundo es un despropósito que la tercera parte de los alimentos producidos terminen en la basura.

También lo es que ese desperdicio de comida se convierta en una de las mayores fuentes de emisión de gases de efecto invernadero, la causa principal del calentamiento que sufre el Planeta. Resolverlo está en manos de todos.

El acto es casi reflejo: si un banano está magullado lo más seguro es que termine en el tarro de la basura; lo mismo se hará con el arroz que sobró hace un par de días o con el pan que se quedó sobre la mesa y se endureció. Ahí, en casa, comienzan a sumarse esas 50 toneladas de alimentos que se botan cada segundo en el mundo.

A la caneca también van a parar las frutas y verduras que no cumplen con los estándares de calidad que imponen los mercados, así se conserven en buen estado; las carnes o los lácteos cuando se rompen las cadenas de frío que los mantienen frescos o los comestibles caducados.

Al final del año la suma de esos desperdicios llega a 1.600 millones de toneladas, es decir que el 30 % de los alimentos producidos para abastecer al mundo se pierde en algún punto de la cadena, ya sea en la del agricultor, el fabricante, el vendedor o el consumidor.

Nada aceptable cuando hoy hay 815 millones de seres humanos que sufren deficiencia alimentaria y el hambre ha vuelto a crecer en el mundo, pese a los esfuerzos hechos en la última década para lograr que disminuyera. El problema del desperdicio de comida es sobre todo social, pero tiene otro componente que es igual de grave, el ambiental.

El 8 % de los gases de efecto invernadero, es decir, aquellos que como el dióxido de carbono o el metano afectan la capa de ozono y contribuyen al cambio climático, salen de la comida que se bota. Ello significa que si China y Estados Unidos son los mayores contaminantes del Planeta, la basura alimenticia es la tercera en esa ecuación y poco se está haciendo para reducirla o para aprovechar mejor los comestibles.

El costo de ese desperdicio suma 2.600 billones de dólares al año, de los cuales 700.000 millones de dólares corresponden al daño ambiental. Ese alto precio podría revertirse si se hiciera un uso racional de los alimentos, lo que requiere un cambio de políticas desde lo estatal tanto como desde la industria, el comercio y los propios consumidores.

La tarea es de todos. Si a los agricultores se les ayuda a mejorar sus procesos productivos, tendrán menos pérdidas; los industriales, restaurantes y supermercados pueden hacer alianzas benéficas que permitan alimentar a los más necesitados, en lugar de desechar la comida; en casa se puede aprender a usar lo justo o a reciclar los comestibles que sobren.

Donaciones sociales, procesamiento para convertir los desperdicios en compost orgánico para la agricultura o para la generación de energía, materia prima para alimento animal, las posibilidades son infinitas y aún mayores serán los beneficios para la humanidad y para la salud ambiental del Planeta. Sólo se requiere de sentido común, decisión y responsabilidad, de lo contrario esas 50 toneladas de alimentos desperdiciados cada segundo hoy, pasarán a ser 66 toneladas dentro de 10 años e irán creciendo a medida que aumente la población global.

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