Defender la protesta social

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Defender la protesta social

Septiembre 29, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

La semana que terminó se produjeron varios eventos en los cuales diferentes sectores ejercieron el derecho a protestar, algo inherente a cualquier sociedad democrática y civilizada. Sin embargo la forma en que esas protestas fueron afectadas por brotes de violencia hacen pensar en la necesidad de protegerla de quienes quieren aprovecharla con intereses muy distintos a los que las originan.

Estuvo en primer lugar el movimiento inspirado por algunos transportadores en la capital de la república que exigían la revisión de medidas como los comparendos de tránsito y las sanciones drásticas a conductas que, además de antisociales, se convierten en amenazas graves contra la integridad de los pasajeros, de los transeúntes y de los propios conductores.

Tales protestas tienen sentido en la medida en que las sanciones afectan un sector respetable de la sociedad aunque poca justificación pues se basaron en desconocer la responsabilidad de quienes son sancionados por desacatar las normas y poner en riesgo la vida y la integridad. Pero fueron afectadas por las amenazas de sus promotores por las redes sociales, por los bloqueos de vías que impedían el derecho de locomoción de miles de colombianos y por el uso de la violencia contra automotores conducidos por personas sin ningún vínculo con los manifestantes, un intento claro y rechazable por imponer el paro.

Luego se produjeron las protestas de los estudiantes de la universidad Distrital de Bogotá contra la corrupción que afecta su institución, y las marchas solidarias de quienes pertenecen a otras universidades privadas y públicas. Protesta legítima que sin embargo derivó en actos violentos y desmanes inaceptables, además de la actuación de el Esmad de la Policía que es señalada de excesiva en la medida en que produjo lesiones a algunos manifestantes y el ingreso de sus integrantes al campus de la Javeriana.

Y el pasado viernes, también en la capital, se realizó una marcha de estudiantes para expresar el rechazo a los hechos que afectan a la Universidad Distrital. La protesta transcurrió en orden, hasta que personajes indeseables aprovecharon para atacar la sede del Icetex con bombas incendiarias, invadir la edificación , amenazar y golpear a las personas que allí se encontraban, robar y causar daños.

Ahora, esas protestas que podrían tener el respaldo de sectores importantes de la población y la solidaridad de quienes rechazan la corrupción, están en el ojo de la crítica por la forma en que fueron utilizadas para sembrar el caos y el miedo, y para generar violencia, en algunos casos por grupos organizados y reconocidos. Y una de las respuestas es la posibilidad de revivir la propuesta del actual Ministro de Defensa de reglamentar la protesta social, imponiendo condiciones y creando sanciones para quienes las desconozcan.

Así, llega el momento en el cual los promotores de la violencia ponen en riesgo el ejercicio del derecho a la protesta. Por eso hay que protegerla del vandalismo y el terror que hacen que se rechace lo que es una expresión democrática siempre que no vulnere los derechos de la sociedad a la convivencia y la paz.

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