Debate inconveniente

Debate inconveniente

Junio 16, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"...son los mismos oficiales, soldados y policías los que siguen dando la batalla con determinación admirable. Y son los mismos 44 millones de colombianos los que respaldan a su Fuerza Pública en una tarea cada vez más difícil, porque ahora son pequeños grupos que atacan, tratando de generar zozobra".

De manera sorpresiva, los ataques de las Farc han originado un debate que tiene más de percepción política que de realidad, poniendo en duda la labor del Gobierno Nacional y de paso cuestionando la actuación de la Fuerza Pública. Es el momento para recordar que la unión para derrotar la violencia es un propósito nacional antes que una bandera partidista. Y que ese objetivo se pone en peligro cuando se convierte en herramienta.La preocupación ha surgido al escuchar voces que llaman a la alarma por el incremento en ataques recientes de la guerrilla y la aparente reducción en el combate a las Farc. Quizás llevados por la impaciencia que exigen golpes del estilo de la operación Jaque, o de la Fénix que dio de baja a ‘Raúl Reyes’ y la Sodoma que terminó con ‘mono Jojoy’, los críticos tratan de dar a entender que la Fuerza Pública ha bajado la guardia en el combate a los criminales.Y se apoyan en argumentos como un relajamiento del Gobierno en ese combate o en la protección de los soldados y policías que ofrecen su vida por el bienestar de la Nación. Preocupación válida desde la perspectiva de que Colombia no puede dar un paso atrás en el terreno que le ha ganado a la delincuencia. Pero los contradictores parecen olvidar que esa violencia tiene décadas y dominarla toma mucho tiempo. Desconocen que aunque lo realizado en los ocho años de gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez significó el debilitamiento de la guerrilla más antigua del planeta, “la culebra aún está viva”. Es decir, las Farc aún pueden causar daño y lo hacen apelando a estrategias guerrilleras, retroceso causado precisamente por la acción de las autoridades. Esa política no ha cambiado. Por lo menos, son los mismos oficiales, soldados y policías los que siguen dando la batalla con determinación admirable. Y son los mismos 44 millones de colombianos los que respaldan a su Fuerza Pública en una tarea cada vez más difícil, porque ahora son pequeños grupos que atacan, tratando de generar zozobra. Por supuesto, causan daños y alarma. Pero, sin pretender disculpar los errores y las deficiencias, lo que está claro es que la decisión de los soldados y policías continúa inmodificable, como lo han expresado de manera permanente sus comandantes. El otro argumento es la supuesta persecución de la Justicia y los órganos de control contra la Fuerza Pública. Sin duda, sentencias como la proferida por la toma al Palacio de Justicia por el M-19 causan preocupación. Y llaman a la alerta las consideraciones sobre las pruebas recaudadas en la operación que dio de baja a ‘Raúl Reyes’. Pero, de criticar esas decisiones a declarar un estado de alerta por ellas hay un abismo: es el de desconocer la Constitución que separa los poderes del Estado para lograr que funcione la democracia y se pueda ejercer el control debido a las actuaciones públicas. Más aún cuando los argumentos terminan por enrarecer el ambiente al crear sospechas sobre una dudosa conspiración. Es como ayudar al propósito de las Farc de crear incertidumbres. Los actos de Gobierno deben ser analizados y criticados, como corresponde al libre ejercicio democrático. Pero nada se gana cuando en la legítima y saludable controversia política se trata de involucrar a los soldados y policías que luchan a diario y con éxito por mantener las libertades y el Estado de Derecho.

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