De nuevo, el gran enemigo

De nuevo, el gran enemigo

Junio 26, 2019 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Las cifras de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Unodc, son claras y terminantes: en los últimos tres años, la coca y su derivado la cocaína han tenido un auge que preocupa a la comunidad internacional y de nuevo ponen en tela de juicio a Colombia. Más grave aún, los efectos que tiene en nuestro país son funestos en casi todos los órdenes de la actualidad nacional.

Según el informe anual, la producción de cocaína se incrementó en un 25% entre 2016 y 2017, impulsada por Colombia que produce el 70% de esa sustancia. Y si bien ha crecido el decomiso en un 75% y las autoridades de nuestro país han aumentado en un 19% el volumen de incautaciones, esa industria del mal ha tenido una expansión de características alarmantes.

Eso puede significar que de nuevo estamos al borde de descertificaciones y complicaciones que parecían superadas, no obstante a que ayer la oficina antidrogas de Estados Unidos revelaba que en el 2018 Colombia tuvo una disminución pírrica de hectáreas sembradas de coca. De tener 208.000 en 2017 pasó a 207.000 el año pasado, y de producir 900 toneladas de cocaína a 887. Reducciones mínimas, frente a la magnitud del grave problema.

Porque no es solo el daño que ese negocio ilegal causa, sobre todo está la amenaza real sobre la vida de nuestro país, expresada en la multiplicación de grupos criminales que explotan la cadena del narcotráfico, en crecimiento desbordado de los cultivos ilícitos y en la riqueza que genera, dándoles el combustible necesario para causar verdaderas catástrofes a la vida y tranquilidad de nuestra Nación.

Cuando parecía que habíamos superado el desafío de la ilegalidad y el crimen a las instituciones, o que la negociación con las Farc ofrecía una perspectiva distinta en el campo, las realidades nos dan un golpe del cual debemos despertar. No es momento para seguir con discusiones que no llevan a ninguna parte, con debates que pretenden mostrar un país ideal cuando la verdad es cruda, destruye la vida de quienes se oponen al crimen organizado y de paso se expresa en el consumo que aparece en parques y calles y aumenta los crímenes contra líderes sociales o miembros de la Fuerza Pública.

El hecho es que tenemos que reaccionar contra el narcotráfico, el gran enemigo de nuestra Nación y el más aterrador desafío para el Estado de Derecho que, se supone, creamos para mantener la concordia en nuestro país. Que tenemos que hacer lo que sea necesario para acabar con esa enorme cadena delincuencial que empieza devastando cientos de miles de hectáreas en la provincia colombiana, sembrando muerte, terror, retaliaciones, persecuciones y corrupción.

Ya no es tiempo para seguir en el debate inútil sobre la legalización o no de la cocaína, sobre la forma de detener el consumo que le entrega al microtráfico miles de vidas, víctimas y recursos a los criminales. Es el momento de llamar a la reflexión de los dirigentes públicos y privados, y de recuperar nuestra unidad para combatir y desterrar a como dé lugar el que sin duda es el gran enemigo de la concordia, de la paz, de la decencia y del futuro de Colombia.

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