Cuestión de tiempo

Cuestión de tiempo

Enero 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Ahora, las cosas son a otro precio. Y aunque se esperan los movimientos desesperados del poder militar y la cúpula del chavismo en relación a su presidente Nicolás Maduro. Por supuesto, él será el primer descabezado de una crisis que no es causada por la caída en el precio del petróleo si no por los quince años en los que se dilapidó la riqueza nacional para mantener delirantes consignas políticas detrás de las cuales se escondieron los saqueadores.

Hasta doce horas deben hacer colas los venezolanos para comprar alimentos y productos de primera necesidad. Y mientras tanto, el Ejército y las fuerzas de seguridad están dedicados a mantener el orden en las interminables filas, aprovechando para discriminar a colombianos indocumentados o simples sospechosos. El espectáculo es todo lo surrealista que se pueda imaginar. Un país que en los últimos doce años ha recibido US$800.000 millones, no tiene alimentos ni recursos para comprarlos en el exterior. Nadie, ni sus aliados de antes que se aprovecharon del petróleo regalado por el caudillo Hugo Chávez a cambio de respaldos a su política, le da crédito. Nadie le vende porque no le creen. Y porque todo el mundo está esperando lo que ya parece ser el final de un régimen insostenible. Mientras tanto, al interior de Venezuela todo es un manojo de nervios. Con su economía arruinada ante el fracaso de un modelo socialista anacrónico y propenso al desfalco descarado, el pueblo, empezando por el chavismo más recalcitrante, sufre la angustia de un racionamiento injusto. Y empieza a despertar del marasmo en que lo sumergieron la retórica mezclada con el subsidio de recursos públicos feriados para comprar conciencias. Ahora, las cosas son a otro precio. Y aunque se esperan los movimientos desesperados del poder militar y la cúpula del chavismo en relación a su presidente Nicolás Maduro. Por supuesto, él será el primer descabezado de una crisis que no es causada por la caída en el precio del petróleo si no por los quince años en los que se dilapidó la riqueza nacional para mantener delirantes consignas políticas detrás de las cuales se escondieron los saqueadores.Y frente a la crisis, la solución es militarizar las colas, impedir que se tomen fotos y perseguir a los colombianos que un día le sirvieron a Chávez. Y marcar a los ciudadanos con números, como si con ello resolvieran el problema. “Hay exceso de demanda” dijo uno de los ministros que tratan de explicar la debacle como si fuera una guerra económica de la burguesía y el imperialismo. Entre tanto, 150 funcionarios, militares y familiares del presidente regresaron de su paseo por el mundo, con las manos vacías.La verdad es otra: destruyeron la economía, acabaron el aparato productivo y despilfarraron la más grande riqueza de su historia. Ahora, el temor es que las Fuerzas Armadas estén dispuestas a frenar el reclamo popular con la represión feroz; si permitirán que el aparato paramilitar montado por el chavismo y alimentado desde el palacio presidencial y la presidencia de la Asamblea Nacional se abalance sobre la protesta, ocasionando un baño de sangre. Y si la oposición es capaz de entender el momento para llevar a su país por el duro camino que le espera. Está claro que el régimen de Maduro no resiste. Y que la imagen de Hugo Chávez ya no concita el fervor, porque no produce comida ni puede devolverle a Venezuela la riqueza que le arrebataron sus funcionarios. Lo que se espera es entonces una salida pronta que, ojalá, no vuelva a llenar de luto a la patria del Libertador Simón Bolívar.

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