Cuba, más de lo mismo

Cuba, más de lo mismo

Julio 27, 2018 - 06:38 a.m. Por: Editorial .

Todo cambia para que nada cambie, es el mensaje que queda en la reforma constitucional que el castrismo está llevando a cabo en Cuba con precisión milimétrica. Es mantener el mismo régimen totalitario y absolutista donde a las difíciles condiciones que padecen los cubanos se suma ahora el naufragio incontenible del chavismo en Venezuela, el último pilar sobre el cual se recuesta aún la arruinada economía de la isla que un día fue el país más desarrollado de América Latina.

A primera vista, la propuesta de reforma aprobada por la Asamblea del Poder Popular puede dar la impresión de que se trata de un intento por rectificar el camino, desistir del totalitarismo y permitir la libertad en la isla. Renuncia a la palabra comunismo, permiso para que regrese la propiedad privada y cambios que permitan el retorno de la inversión extranjera son en resumen los cantos de sirena de una iniciativa que del 13 de agosto hasta el 15 de noviembre de 2018, sufrirá lo que el gobierno ha descrito como una consulta profunda para que los cubanos se enteren de su contenido.

En la práctica, lo que se produjo fue la aprobación unánime de una asamblea compuesta por un solo partido, el comunista, dirigido por Raúl Castro Ruz. En ese supuesto debate no hubo discusión alguna porque en Cuba no puede existir un punto de vista distinto al del régimen, ni hay la posibilidad de que se llamen a elecciones libres donde la gente exprese de manera libre y espontánea un punto de vista distinto al que se impone desde el poder omnímodo y opresor.

Es decir, en Cuba no hay libertad. Y según parece, la nueva Constitución será la misma cosa, con cambios obligados por la ruina de la revolución bolivariana que dirigen desde la isla y por lo tanto conocen de su fracaso y de la corrupción que la carcome. Ahora, Raúl y su presidente Miguel Díaz Canel saben que la subsistencia de su gobierno absolutista depende de conseguir recursos a como dé lugar para reemplazar el petróleo de los venezolanos, y están dispuestos a asociarse con quien sea necesario para lograrlo.

No es pues una reforma que convoque a la reunificación de una nación marcada por la diáspora que expulsó casi la mitad de la población cubana desde 1960, y por la destrucción de una economía que fue esclavizada a la ideología comunista a cambio del apoyo de la Unión Soviética. Ahora, ese mismo fenómeno del comunismo arruinó a Venezuela, y el castrismo que lo maneja a la distancia sabe que sus días están contados y pronto ya no habrá más petróleo para Cuba.

Por eso la reforma que tampoco es un compromiso de abrir las puertas a la democracia basada en la libertad y los derechos de los ciudadanos. Seguirá entonces el partido único, el culto a la personalidad de la familia Castro y la existencia de un sistema militar y policial donde los cubanos son objeto de espionaje permanente, la inconformidad se paga con cárcel y la única opción de progreso fuera de pertenecer al aparato dictatorial es emigrar y fugarse como lo hacen los médicos que mandan a Venezuela o los miles de balseros que arriesgan su vida para buscar un futuro.

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