Coordinación y prudencia

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Coordinación y prudencia

Abril 01, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Si bien no se tienen a la mano todas las informaciones que produce un sistema adecuado para detectar con la rapidez requerida el número de contagios, puede decirse que Colombia está demostrando que ha respondido en forma adecuada al desafío del Covid-19. Por ello, hay que seguir confiando en las medidas tomadas hasta ahora por el Gobierno Nacional y los departamentales y municipales, evitando al máximo la confusión.

Luego de un inicio algo caótico en cuanto a las disposiciones adoptadas por los gobernantes locales, regionales y nacionales, se lograron las coordinaciones y acuerdos necesarios para fijar un derrotero claro en la respuesta a la emergencia. De ahí que la inmensa mayoría de los colombianos haya comprendido la importancia de su papel en la contención de la epidemia, y haya aceptado las restricciones de un confinamiento que aún no llega al toque de queda estricto.

Eso ha logrado un buen suceso y todo indica que vamos por un buen camino, aunque falta mucho por recorrer. Lo que importa ahora es continuarlo y mostrar a la gente la unidad de criterios y la serenidad en todos los niveles de gobierno para tomar decisiones y aplicar medidas que, sin duda, están causando graves problemas sociales y económicos.

En ese orden de ideas, y entendiendo el deseo de aportar y de acertar en el manejo de la crisis que estamos viviendo, es necesario pedir que se mantenga la coordinación que se requiere para no crear alarmas que pueden aumentar los malos momentos por los que atraviesa toda la Nación. Ni dar paso a malos entendidos y a consecuencias funestas para todos los sectores de la sociedad colombiana, que pueden evitarse si se sigue manteniendo el ambiente de diálogo y de coordinación que muestran hasta ahora las autoridades.

El otro aspecto que merece un llamado a la reflexión para evitar males mayores, es el de las medidas que se están tomando en Cali, todas producto de la buena intención del Gobierno Municipal. Hasta ahora, la asistencia a los supermercados ha sido manejada con prudencia por los propietarios y administradores de esos establecimientos, lo que ha evitado las aglomeraciones peligrosas que desencadenan la expansión del virus. En ello se ha notado la colaboración de los ciudadanos y el cambio en sus hábitos, sin necesidad de llegar a disposiciones que pueden causar alarma si son interpretadas como producto de una escasez.

Cosa distinta sucede en las galerías y plazas de mercado, el escenario por excelencia de la economía informal y sin control. Aunque allí sí se justifica implantar medidas como la que se aplicará desde mañana con base en la cédula de ciudadanía, es necesario preguntar qué harán las autoridades para controlar a los vendedores ambulantes, así como cuál será el procedimiento para recaudar las sanciones que se apliquen a los infractores de las normas establecidas.

Es claro que hay quienes desconocen las medidas dictadas para su protección. Pero crear las restricciones que se anuncian puede dar paso a la inconformidad y a sanciones que pueden ser ignoradas, salvo que se detenga a los autores, lo cual conllevaría a un problema mayor y más difícil de manejar.

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