Contra la violencia en el Valle

Contra la violencia en el Valle

Abril 21, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

De nuevo, la violencia acosa al Valle, muy a pesar de los esfuerzos que las autoridades hacen para tratar de contenerla y erradicarla. Es un mal que parece endémico y reclama acciones para acabar con algo que causa intranquilidad y una razón para estigmatizar a nuestra región.

Según informes publicados en El País, en ocho municipios del departamento se registra un incremento del 43% en los homicidios cometidos durante el trimestre Enero- Marzo de 2019. Tuluá, Palmira, Buga, Cartago y Buenaventura, los más densamente poblados después de Cali, muestran un aumento sin duda alarmante que ha llamado la atención de las autoridades nacionales y ha producido de nuevo los comunicados y declaraciones prometiendo combatir esa oleada de hechos sangrientos.

Las causas de ello son conocidas por los habitantes de esas ciudades, y van desde el aumento del narcotráfico y la disputa por el menudeo de drogas ilícitas, hasta los ajustes de cuentas entre facinerosos y el regreso de extraditados que tratan de recuperar sus fortunas y su poder. Es como si el tiempo retrocediera y a los factores que nunca han podido ser erradicados se les sumaran ahora las disputas y rencillas que reviven los antiguos jefes de las bandas que en épocas no lejanas sembraban de miedo al Valle.

Pero, además, no debe perderse de vista el efecto que tiene el crecimiento del narcotráfico en el norte del Cauca y con él las disputas de las bandas criminales que bajo cualquier denominación pretenden ampliar sus dominios en el suroccidente colombiano. Sean Bacrim, Pelusos, Eln, disidencias de las Farc o pequeños clanes que se matan por el control en las ventas de la calle, lo cierto es que nuestra región vive otra vez una época oscura y triste que parecía superada.

Y de nuevo, la pregunta es cómo enfrentar el rebrote de esa amenaza para recuperar la tranquilidad de los cinco millones de habitantes del Valle. Está visto ya que los Consejos de Seguridad y las declaraciones que amenazan con hacer caer todo el peso de la ley sobre los criminales ya no son suficientes. Sobre todo cuando no se cumplen las promesas de reforzar el número de efectivos de la Fuerza Pública o el envío provisional de funcionarios especializados en inteligencia y seguimiento a los delincuentes.

El Valle tiene una amarga experiencia por todo lo que en su pasado reciente significaron los carteles del narcotráfico. Y sus municipios, en especial los de mayor población, nunca han podido respirar tranquilos, así la violencia haya sido reducida de manera temporal. No hay nada más nocivo y peligroso para una sociedad que acostumbrarse a convivir con conductas criminales que insensibilizan sobre el valor de la vida y de la ley como el factor que garantiza la convivencia y la paz.

Eso es lo que el Gobierno Nacional debe convertir en su principal compromiso con los vallecaucanos. Y no como una concesión, sino como el deber que tiene de garantizar la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos de Colombia. De eso se trata el Estado Social de Derecho, y su credibilidad depende del buen suceso que tengan las autoridades en la erradicación del crimen que parece regresar al Valle.

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