Contra el tiempo

Contra el tiempo

Noviembre 06, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

Transcurridas siete semanas de presentadas, y a menos de dos meses de cerrar la legislatura, crece el pesimismo sobre la suerte que tendrán las iniciativas contra la corrupción. Ojalá las consecuencias que tendrán en la actividad partidista y en el manejo de los asuntos en los cuales participan los legisladores no sea el factor que hundirá lo que es un propósito nacional.

Ayer se hundió la propuesta que buscaba reducir el salario de los congresistas, y, de paso, de casi todos los altos cargos del Estado que dependen de él para su cálculo. Y en la pasada semana, la misma suerte corrió el que limitaba a tres periodos la elección de un congresista. En ambos casos estaba claro su carácter polémico pues parecían pertenecer a las reformas políticas, y su cuestionable incidencia en la lucha contra la corrupción.

No obstante, debe destacarse la manera en que fueron hundidos. Salvo la presencia de abundantes inhabilidades argumentadas por los congresistas para abstenerse de votar aduciendo que estarían legislando en causa propia, no hubo una discusión abierta donde los partidos que representan fijaran su posición de frente a los colombianos.

Por ello se hundieron, ya que son reformas constitucionales que requieren su aprobación en cuatro debates antes de cerrar la presente legislatura. Aunque se sabía de antemano su carácter polémico, lo que llevó a que fueran presentados en proyectos independientes, ello no justifica que no hayan recibido ni siquiera una ponencia o que no se hayan debatido como debe ser y como esperaban los colombianos interesados en esas iniciativas.

Quedan en la cuerda floja la rendición de cuentas de los legisladores que parece correr la misma suerte. Es decir, se está dando la impresión de que los miembros del Congreso no parecen querer que se limiten sus atribuciones, lo cual va en contravía del sentimiento nacional que reclama transparencia para recuperar la fe en las instituciones.

Y faltan los que prohiben cualquier tipo de prebenda, de beneficio o perdón a quien sea acusado o condenado por corrupción; el que impone inhabilidades drásticas a quien sea condenado por delitos contra el patrimonio público, sea funcionario del Estado o particular; el que establece pliegos de condiciones únicos para la contratación oficial, la manera de impedir que se sigan usando los ‘contratos sastre’ para impedir la competencia.

La preocupación crece ante la congestión de propuestas que experimenta el Legislativo sobre temas como la reforma tributaria. Ya se sabe que se producirá una carrera contra el tiempo que exige fijar prioridades, lo que impedirá el debate y puede dar paso a la negociación a puerta cerrada y al ‘pupitrazo’, la peor manera de ejercer la democracia representativa.

Por eso hay que hacer un llamado a que el Congreso y el Gobierno se comprometan en debatir y sacar adelante la reforma anticorrupción. Lo piden no sólo los doce millones que le dijeron sí al referendo pero no alcanzaron la mayoría, sino todos los colombianos hastiados de uno de los más grandes enemigos de la credibilidad del Estado de Derecho.

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