Contra el mal gobierno

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Contra el mal gobierno

Noviembre 17, 2019 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Bolivia vive uno de los momentos más difíciles de su historia. En las elecciones presidenciales de octubre, el fraude y la posterior furia de los votantes terminaron con la presidencia de Evo Morales y desencadenaron una violenta crisis institucional que no se ha resuelto con su salida.

Hoy hay sangre en las calles y un gobierno de facto presidido por la senadora Jeanine Áñez tomó posesión por descarte sin un solo voto popular. Bolivia, el país con más crecimiento de América Latina, logró bajo el mando de catorce años de Morales, reducir la pobreza y desigualdad. Sin embargo, su insistencia en permanecer a toda costa en el poder desató la ira de los jóvenes y desnudó las profundas fracturas políticas y sociales del país.

En Chile, tras semanas de protestas y enfrentamientos violentos que empezaron con el aumento al precio del boleto del metro, el presidente Sebastián Piñera acordó llamar a un plebiscito para reformar la Constitución redactada durante la dictadura de Pinochet. Grupos políticos de todos los colores reclaman un “nuevo contrato social” que nazca desde la democracia pero a pesar del anuncio, en la calle continúan las movilizaciones en varias ciudades del país.

En Ecuador, los ciudadanos se lanzaron a la calle para protestar contra la eliminación de los subsidios a la gasolina. En Perú hubo protestas tras la disolución del Congreso por el presidente Martín Vizcarra luego de que éste se negara a implantar reformas contra la corrupción. Así mismo, en Venezuela se convoca a marchar de nuevo contra la tiranía de Maduro.

Algunos hablan de una “primavera latinoamericana”, comparando las marchas con la primavera árabe de 2011, algo simplista pues en Medio Oriente la gente salió contra gobiernos tiránicos y represivos. Otros atribuyen el descontento al freno producido por la caída de precios de las materias primas. La primera explicación es incompleta y la segunda es facilista.

Las protestas en este continente ocurren en países democráticos, y tienen raíces sociales tanto como económicas. La rabia de la calle tiene sus propias causas en cada país, y es tan fuerte contra los gobiernos de izquierda en Bolivia como el de derecha en Chile. Ninguna corriente política puede cantar victoria.

Hay tal vez una causa común en las manifestaciones: la indignación por la ruptura del contrato entre los gobiernos y el pueblo. La permanencia eterna en el poder, la corrupción, el incumplimiento y la incapacidad del Estado de generar garantías sociales.

Según se escucha, esas instituciones favorecen a las minorías por encima de las mayorías y han roto la confianza ciudadana en la democracia, capturada por unas clases políticas que defienden sus cargos y prebendas por encima del interés general. O, como ocurre en Venezuela, son usadas para imponer tiranías que destruyen la sociedad y permiten el imperio de la delincuencia.

Lanzarse a la calle es muestra de que la gente busca un instrumento de cambio dentro de la institucionalidad. Y queda claro que la democracia no tiene la culpa, la culpa la tienen los malos gobiernos y los gobernantes que se alejan de los gobernados.

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