Confianza y Fuerza Pública

Confianza y Fuerza Pública

Mayo 26, 2019 - 06:55 a.m. Por: Editorial .

Los artículos de un periódico estadounidense sobre la posibilidad de que directrices del Alto Mando del Ejército puedan ocasionar los llamados falsos positivos puso en primera plana la actuación de la Fuerza Pública. Más que una oportunidad que buscan algunos sectores para desprestigiar la institución más querida por los colombianos y más importante para la tranquilidad de nuestra Nación, es el momento para recordar su propósito de mantener la transparencia en sus actuaciones.

A pesar de los esfuerzos por erradicar la delincuencia que en sus múltiples formas se ha manifestado en Colombia, el nuestro sigue siendo un país afectado por una violencia que encuentra en los vacíos del Estado el espacio para operar y causar daño. Esa decisión no ha sido exclusiva de un gobierno en particular, y lo innegable ha sido la firmeza con que han actuado los estamentos militares, constituyéndose en bastión fundamental de la democracia y ganándose el respeto y el cariño de la sociedad.

Esa actitud representa ante todo el apego a la Constitución por encima de cualquier interés político. Por supuesto, en el accionar constante contra los hechos que amenazan la tranquilidad o los intentos por desestabilizar el Estado se han cometido errores y en ocasiones violaciones de los derechos humanos. Pero siempre ha operado el deseo de corregir las falencias, de capacitar a sus integrantes en el compromiso que se debe tener para evitar excesos, y de castigar a quienes hayan realizado cualquier clase de delito.

Eso se llama profesionalismo y compromiso con la democracia. Por ello fue posible construir el respeto que llevó al acuerdo mediante el cual las Farc entregaron sus armas y aceptaron reintegrarse a la vida civil. Y ahora, es factor fundamental para recuperar la vigencia y el acatamiento de las leyes en todo el territorio nacional, en momentos en los cuales aún quedan zonas en las que existen organizaciones empeñadas en mantener el imperio de la ilegalidad y de las bandas criminales de todas las denominaciones.

Para eso se necesita consolidar un factor fundamental. Es la confianza en la Fuerza Pública y en sus directivas, y en su compromiso, demostrado con creces, en la transparencia y el respeto por los principios que la hacen posible. Por el contrario, destruir esa confianza es abrir la puerta para que se debilite el Estado de Derecho y se desencadenen fenómenos de consecuencias impredecibles para la estabilidad y la tranquilidad de Colombia.

En los debates que suscitaron los artículos del New York Times ha sido clara la actuación de los Comandantes de la Fuerza Pública al entregar la información, permitir el debate amplio e incluso modificar las directrices que dieron lugar a interpretaciones y especulaciones. Así debe actuar una institución respetable y respetada, comprometida con su papel como defensora de la Constitución y de la democracia.

Por eso hay que rechazar con firmeza los intentos por debilitar la moral de quienes tienen a su cargo el deber de proteger a nuestra nación, y de sembrar dudas dirigidas a erosionar la confianza de los colombianos en sus Fuerzas Armadas.

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