Cinismo inaceptable

Cinismo inaceptable

Octubre 24, 2018 - 11:55 p.m. Por: Editorial .

No han terminado sus conflictos con el Estado colombiano, aún no se conoce la totalidad de los hechos de corrupción que protagonizó durante años, ni se sabe a qué monto ascienden, cuáles fueron todos los socios de fechorías o los funcionarios públicos que hicieron posible su carrera de delitos en nuestro país. A pesar de ello, Odebrecht reclama el derecho de seguir contratando en Colombia.

Para el efecto enviaron a una de sus altas empleadas, quien sin ningún rubor dijo que ya tenía un arreglo sobre el precio de la indemnización que pagaría por sus delitos en nuestro país, que aún no se sabe a cuánto ascienden ni cuál es el monto de los daños y perjuicios causado. Y después de contar que la empresa ha cambiado aunque los dueños, presos y condenados por la Justicia del Brasil, son los mismos, afirmó que tenían la intención de presentarse para ejecutar obras aquí.

Pero no cualquier obra. Además de tratar de recuperar la malograda concesión del segundo tramo de la Ruta del Sol, contrato por el cual demandaron a nuestra nación por una suma superior a los tres billones de pesos, Odebrecht quiere participar en la construcción del tantas veces propuesto y aplazado metro de Bogotá. Y de seguro se ofrecerá como la solución para el atrancado proyecto denominado las 4G que pretendía revolucionar la infraestructura vial, o en la construcción de los muelles, puertos y aeropuertos que tanta falta nos hacen.

La señora que nos visita no dijo nada acerca de la colaboración que se requiere para destapar todo el entramado de corrupción que promovieron y financiaron durante años, ni la totalidad de funcionarios y empresas privadas que les sirvieron para sus aviesos propósitos. Tampoco se refirió a la razón por la cual sólo reconocieron sobornos por once millones de dólares mientras la Fiscalía, la Procuraduría y la Justicia ya han descubierto delitos que superan en cuatro o más veces ese monto.

Pero eso, que destruyó su patrimonio moral y es hoy la carta de presentación de Odebrecht para contratar con el Estado que administra recursos que son de todos los ciudadanos, no parece estar en las cuentas de la vocera de una firma que produjo el peor fenómeno de corrupción en América de toda la historia. Para ella, o para sus jefes, Colombia debe hacer borrón y cuenta nueva y recibir de nuevo y con los brazos abiertos a quienes patrocinaron toda suerte de torcidos que lesionaron el patrimonio económico y moral de nuestro país y de muchos otros empezando por su patria de origen, Brasil.

Así como lo han hecho muchos países en Latinoamérica y el resto del mundo, tanto cinismo no puede ser de buen recibo en Colombia. Odebrecht pertenece a las mismas personas, es el símbolo de la corrupción, sus fechorías causaron daños irreparables, aún tiene demandado al Estado y dejó una estela de malas prácticas que merecen rechazo. Y si bien nuestra legislación exige que sean condenados por sus hechos, permitir su regreso como lo pretende su enviada sería desconocer los maltrechos valores éticos y morales que deben guiar la contratación en nuestro país.

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