Caliente en extremo

Escuchar este artículo

Caliente en extremo

Agosto 16, 2019 - 11:55 p.m. Por:
Elpais.com.co

“Julio de 2019 reescribió la historia del clima”. Así de simple y contundente, como lo dijo Petteri Taalas, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial, se describe el que ya es considerado como el mes con las temperaturas más altas registradas en el mundo en 140 años.

El calor extremo es grave, sus consecuencias aún peores y la indiferencia es el punto de inflexión. Cuando el 25 de julio los termómetros en Francia, España y Alemania marcaron por encima de los 42 grados centígrados y en Holanda y Suiza superaron los 41, se supo que cualquier récord promedio en Europa se había roto. Pocos días antes el sur de Francia se había recalentado hasta alcanzar los 46°C, mientras que en el Medio Oriente Kuwait ardía a 63°C, número impensable aún para la Nación con los veranos más calientes del mundo.

Infortunadamente, para la población mundial y para la Tierra no es un hecho insólito, ni será un caso atípico e irrepetible a futuro si se tiene en cuenta que nueve de los diez meses más calurosos de la historia moderna se han presentado entre el 2005 y el 2019, cinco de ellos en los últimos cinco años. De hecho la temperatura del julio que acaba de pasar estuvo 0,95°C por encima del promedio de todo el Siglo XX, según la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de los Estados Unidos.

Si las previsiones de los meteorólogos se cumplen, el 2020 será peor, el siguiente aún más y así sucesivamente, por lo cual se evaporan las esperanzas de impedir que la temperatura global suba más de 1,5 grados en el futuro próximo. Las consecuencias actuales se evidencian por ejemplo en el deshielo sin precedentes de la Antártida y el Ártico que llegó en este julio a 105.671 kilómetros cuadrados cada día, muy por encima de los 79.000 Km2 diarios que se derritieron en el 2010.

Que las temperaturas suban como sucede hoy también influye en la escasez de agua que afecta ya a la tercera parte de la población mundial. Hay 2.600 millones de personas que viven en zonas de estrés hídrico, es decir donde las fuentes de abastecimiento no son suficientes para atender la demanda o están en camino de acabarse, como sucede en India, España, el Medio Oriente, Sudáfrica. México y Chile, en América Latina, se encuentran en esa situación, mientras que en Brasil, donde aún hay abundancia de agua, la gigante Sao Paulo padece de sed.

Las consecuencias de ese calentamiento extremo son múltiples y afectan a la par a los seres humanos, a la vida animal y vegetal, a los ecosistemas y en general a la Tierra. Naciones Unidas ha convocado para el 23 de septiembre próximo, en Nueva York, una nueva reunión de países para definir cómo contribuirá cada uno a detener el cambio climático y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La invitación ha ido con regaño incluido por parte del Secretario General de la ONU: “No vengan con discurso, vengan con planes”.

Cada acción individual contribuye, pero para que tengan el efecto esperado se necesita del compromiso mundial. Si no, este calor extremo consumirá poco a poco al Planeta, lo transformará y tendrá efectos aún indefinidos para todo lo que habite en él.

VER COMENTARIOS