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Julio 13, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Aunque no parece posible la erradicación total de la producción ni del consumo de las drogas producidas en este lado del mundo, si es novedad que el decremento en las cifras con que se mide este fenómeno sea constante en los últimos años.

Que la producción de cocaína haya descendido el 10% en la región andina durante el 2012, según reveló un informe divulgado esta semana por la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, es una gran noticia. Pero que entre las razones que explican esa reducción se considere por el Gobierno de los Estados Unidos “la estrecha cooperación antidrogas de países como Colombia y Perú” como una de las razones más importantes, es un reconocimiento al esfuerzo y el compromiso de estos países en la lucha contra las drogas.Según el informe, desde 2011 la producción potencial de cocaína pura bajó de 305 toneladas a 290 toneladas en Perú, de 190 a 175 toneladas en Colombia, y de 190 a 155 toneladas en Bolivia. El mismo documento asegura que desde 2001, el año de más alto registro en la historia, la capacidad para la producción potencial de cocaína pura en la región andina ha bajado un 41 %, de alrededor de 1.055 toneladas ese año a las 620 toneladas el año pasado.Entre los argumentos que ayudan a entender el descenso en productividad de coca en Colombia, Perú y Bolivia durante el año pasado hay que mencionar el desplazamiento del negocio del narcotráfico a Centroamérica y México, lo que se refleja en el incremento de la violencia y la aparición de poderosas organizaciones criminales capaces de desafiar a los Estados. Y no debe descartarse el notorio cambio en los hábitos de los consumidores, quienes reemplazan la cocaína por las drogas sintéticas, de menor costo y mayor facilidad de producción.Pero así como debe reconocer como buena noticia la reducción en la producción del alcaloide, vale la pena preguntar si esta tendencia es el resultado de la forma como se viene combatiendo el narcotráfico en Colombia y la región andina. Especialmente ahora, cuando cada vez se escuchan más voces que claman por la legalización de las drogas, ante el supuesto fracaso de la estrategia que ha comprometido el esfuerzo en combatir la producción.La combinación entre una fuerte represión estatal de los cultivadores y productores, con el auge del consumo interno en estos países, que empieza a ser vista como una importante renta ilegal mucho menos riesgosa que producir y mandar cocaína hasta el país del “Tío Sam”, parece ser parte de la respuesta que explica la baja en las cifras.Y aunque no parece posible la erradicación total de la producción ni del consumo de las drogas producidas en este lado del mundo, si es novedad que el decremento en las cifras con que se mide este fenómeno sea constante en los últimos años. Todo lo cual no puede ser usado para ocultar el notorio incremento del consumo en Colombia y las dificultades que genera el llamado microtráfico, las cuales se expresan en fenómenos como las Bandas Criminales y las guerras que por el control del negocio se viven en Cali y el resto del Valle.El reto ahora es el manejo que de los adictos hagan los países donde se presenta el consumo de cocaína y sus derivados, como un asunto de salud pública. Así como contener el avance de las drogas sintéticas que anda a la caza de las nuevas generaciones en todo el mundo.

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