47 años después

47 años después

Junio 02, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"Hoy, las Farc han regresado a la tácticas de hace 47 años, tratando de demostrar un poder que ya no tienen. Al parecer, su único capital político consiste en los vejámenes que le aplican a 17 seres humanos y la capacidad de causar daño con el ataque aleve a poblaciones como Toribío y a regiones como el norte del Cauca".

Como si las condiciones no hubieran cambiado y como si la Nación no les hubiera dicho en todas las formas que ya es tiempo de terminar la violencia con que pretendieron doblegarla, las Farc han reiterado su discurso reclamando reconocimientos y “canjes humanitarios” para sentarse a hablar de paz. Nada parece cambiar en el mundo autista de quienes persisten en el discurso del terror, el crimen y el chantaje para imponer sus ambiciones de poder. Cuarenta y siete años cumplieron hace poco las Farc. Tiempo suficiente para reconocer que sus métodos fracasaron como vía para acceder a la política; para reconocer que si en algún momento su insurgencia creó alguna expectativa dentro del romanticismo que rodeó los movimientos guerrilleros en los años 60, hoy sólo les queda la violencia como argumento, el crimen y el narcotráfico como sustento y el abuso de las miserables condiciones en que mantienen secuestrados a 17 policías y soldados, para tratar de ser escuchados por un mundo que ya no quiere saber de sus fechorías cubiertas por la retórica para justificar las más execrables violaciones de los derechos humanos. Pero la soberbia y la ceguera de su dirigencia siguen guiando a ese grupo. Son los mismos atributos que les hicieron desperdiciar el espacio que abrió el deseo de la Nación colombiana de encontrar salidas negociadas a una violencia fratricida, entre 1998 y el 2001. Y los que obligaron al dramático y firme cambio expresado a través de la política de seguridad democrática que implantó el expresidente Álvaro Uribe Vélez, convertida ya en principio irrenunciable para defender el Estado de Derecho y la vida en Colombia de las tropelías de las Farc.Nueve años después, varios de los más encumbrados cabecillas de ese grupo han caído bajo el peso de la Fuerza Pública: ‘Raúl Reyes’, ‘Jorge Briceño’, decenas de mandos medios y miles de guerrilleros rasos han sucumbido en una guerra inútil. Golpes certeros como el rescate de numerosos secuestrados han dado a entender que no existe ni de cerca la posibilidad de que la guerrilla recupere algo de lo que ha perdido. Y la decisión que muestra Colombia confirma que la suerte de los cabecillas supérstites está echada, si ellos no aceptan que la salida es recuperar la cordura. Hoy, las Farc han regresado a la tácticas de hace 47 años, tratando de demostrar un poder que ya no tienen. Al parecer, su único capital político consiste en los vejámenes que le aplican a 17 seres humanos y la capacidad de causar daño con el ataque aleve a poblaciones como Toribío y a regiones como el norte del Cauca. Nada en ello demuestra grandeza ni futuro. El comunicado emitido hace unos días por la guerrilla indica que no hay voluntad de rectificación ni asomo de voluntad de paz. Porque si algo de ello existiera, empezaría por aceptar que después de 47 años, las Farc son ya un anacronismo inútil, explicable sólo por su capacidad cada vez más limitada de causar daño. Todavía es tiempo para apelar a la sensatez y aprovechar que aún existe la esperanza de encontrar una salida pacífica que termine para siempre con la violencia irracional de las Farc.

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