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¿Sólo Queiroz?

Noviembre 15, 2020 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Si uno se toma el trabajo de armar la lista de responsables de la derrota de Colombia ante Uruguay el viernes pasado, y toma como fuentes lo que dicen medios y redes (cada vez más lo mismo), quien figura a la cabeza es Carlos Queiroz.

Eso me parece un exceso, más allá de que el entrenador se haya echado encima todas las culpas. Pero achacarle la ‘caballerosidad’ (para utilizar un término de moda) que tuvieron Yerry Mina y James Rodríguez al regalar al contrario dos balones con evidente riesgo de que terminaran en goles en contra, como en efecto sucedió, no es cosa de Queiroz ni de nadie diferente a los dos jugadores del Everton. Como tampoco la pena máxima, discutible en mi opinión.

Claro está, además Colombia fue inferior. Superioridad esa, la uruguaya, fundamentada en tres aspectos. Uno, el mejor y superior planteamiento táctico de ellos, cosa por la que sí debe responder Queiroz, Dos, porque de todas las formas de perder, nuestros futbolistas eligieron la peor, esa de caminar la cancha y dejarse amarrar por la resignación. Y tres, por la eterna tara nuestra que sigue sin encontrar vacuna, falta de jerarquía.

Endosarle entonces toda, o la mayor parte de la culpa, a Queiroz,
permite que otros salven, de puntillas, sus responsabilidades. ¿Por qué no pedir también a la mayoría del equipo que explique su bajo nivel y, sobre todo, su ruinoso comportamiento en Barranquilla?

En cambio, de lo que sí podría resultar siendo a la larga culpable Queiroz es de no enterarse del medio en que aceptó trabajar. No ese equipo que representa el orgullo y la afición de millones de colombianos, sino de lo que está detrás del equipo, un negocio que deja pingües dividendos y del que es dueña una organización que cada vez arroja más interrogantes y temores.

Porque si mañana, ojalá no sea así, no vamos como protagonistas al extraño Mundial de Fútbol que tendrá como sede Catar (ese mayúsculo caso de corrupción al que se dio extraña absolución), no podrá decir el entrenador que no sabía del terreno que pisaba, ese que anda a caballo entre irregularidades y mediocridad.

Desde, por decir lo menos, la comprometedora situación de algunos jerarcas de la Federación Colombiana de Fútbol ante la ley, comenzando por las cabezas mayores, hasta eso otro que cada día sorprende más, la situación de un campeonato local nivelado por lo bajo y no solo en lo deportivo.

Ahí están los hechos de las últimas horas en los que, uno, el Cúcuta Deportivo perdió el reconocimiento deportivo al no pagar millonarias deudas con el Estado y con sus jugadores. Y, dos, el Chicó, otro ‘club’ (si así se le puede llamar) se hizo noticia tras no cumplir con compromisos contraídos con microempresarias boyacenses a las que les debe plata por confección de uniformes. Y detrás de cada uno de esos casos, cuestionados personajes que posan dizque de dirigentes.

¿Y eso qué tiene que ver con la Selección? Mucho, porque, como decían los abuelos, las cosas se parecen a su dueño y esa Selección, sépalo usted, es mucho más de ellos que nuestra.

Pero como el fútbol, al igual que la política, es dinámico, si mañana en Quito ganamos volverá todo a su puesto. Incluso, aparte de los tres puntos, pasaremos de comprometidos en las posibilidades de clasificar a favoritos a ganar el Mundial.

Por eso, Queiroz, siga adelante, eso sí, sin olvidar el tipo de entorno. Esto no es Portugal, ni Emiratos, ni Irán, tampoco Estados Unidos o España.
Aquí, incluso, la máxima aquella de Albert Camus según la cual “la patria es la selección de fútbol” tiene, al menos, dos lecturas. Una, sí, encarna un sentimiento nacional. Pero también otra, quizá más real: la selección corre riesgo de parecerse al país, con todos sus extremos matices.

Suerte Queiroz, la va a necesitar. Y, si puede, éxitos en lo que sigue.

Sobrero. De nuevo mi solidaridad con Adriana Villegas, conminada ahora a rendir cuentas ante el mismo Batallón que denunció por cantos misóginos y de exaltación a la violencia. Esa citación es otro monumento a la idiotez y, claro está, a la tapadera.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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