Paso

Escuchar este artículo

Paso

Mayo 31, 2020 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Iba a escribir sobre los despidos de que fueron objeto en Bogotá trabajadores de la salud, responsables de haber colgado en una red social coreografías (nada malas, la verdad) hechas en el ‘Hospital Corferias’, pero me arrepentí. Y es que entre tratar de justificar algún rapto colectivo de buen humor, que bien hubiera podido terminar en una amonestación o en un jalón de orejas pero jamás en una echada a las patadas, y ver cómo las ganas de ejercer autoridad devienen tan fácil en autoritarismo, elegí desistir. Al fin y al cabo, nadie les devolverá el trabajo (¿tuvieron derecho a descargos?). Y mucho menos dará pie atrás el emperadorcito(a) que todos llevamos dentro y que crece aún más cuando se cabalga sobre esa bestia suelta que es el poder.

Entonces, pensé escribir sobre el asesinato policial del que fue víctima George Floyd por esa inveterada costumbre de sectores de la sociedad estadounidense de perseguir y matar ciudadanos de raza negra.
Sectores que tienen peso político y económico. Los mismos que una vez hicieron una guerra (y harían otra) en procura de defender su derecho a esclavizar. Los mismos que ganan y van a seguir ganando elecciones con plata, ya sea en las urnas o en la trastienda. Y los mismos que dicen, sin rubor, representar la primera democracia del mundo. Floyd será mañana un símbolo, pero nada va a cambiar. El final de esa infamia está lejos. Poco por hacer.

Elegí entonces otra de nuestras tragedias. Esa que pinta de pies a cabeza la fotografía en donde aparecen los rostros en vida de María Guetia Dagua y Pedro Tróchez Medina. Están ahí, como lo que eran, dos sabios que servían a su pueblo con la medicina ancestral. Eso mismo que, además espiritualmente, significa tanto para las comunidades indígenas a diferencia de la tal ‘salud’ nuestra, hecha nada más negocio en esta dizque ‘civilización’. ¿De qué están hechos los salvajes que los asesinaron la semana pasada en el Cauca?, ¿a quiénes les importa la suerte de María y Pedro en este país sin memoria? me digo, lejos del sosiego que se necesita para hilar unas líneas.

Ya sea fruto del encierro, o de lo que sea, terminé en una regresión. No es gratuita: ha muerto Germán Montoya Vélez, leo en las noticias y lo confirmo en la hagiografía que algunos le hacen a quien fue Secretario General de la Presidencia de la República. No tengo tiempo, ni elementos, para discutir tal santidad. Solo sé que estoy en 1989 en la sala de redacción en un periódico de Bogotá para el que trabajo, mientras veo que la tierra se abre a diario a los pies (o, mejor, la abren) para comerse a miles. Y evocó al entonces presidente Virgilio Barco Vargas cada vez más encerrado en su mundo por cuenta del Alzheimer que padece. Sin que lo sepamos. O, mejor, sin que nos lo cuenten. Vean lo que dijo Revista Semana en un artículo de octubre de 2010: “Virgilio Barco fue presidente con una enfermedad (...) grave porque afectaba sus capacidades mentales y a pesar de ello el tema nunca fue motivo de polémica pública”. Vean pues, un capítulo más de nuestra historia oficial escrito con tono editorial.

Me quedan: Trump y su pelea con Twitter, pésima cortina de humo aunque, igual, alcanzará la reelección. Y el pronto regreso del fútbol colombiano, con intervención directa del senador Álvaro Uribe, ahora apasionado hincha (?). Y la masiva concentración pública del otro día, con el alcalde Jorge Iván Ospina como inspirador, para tratar, entre otros temas, los riesgos del distanciamiento social. Y Gustavo Petro, feliz víctima del Fiscal de turno, tan parecido a sus predecesores. Ah, y una más: la sindicación a Frank Pearl de ser estalinista.

Mejor paso y me voy en blanco, con lo jodido que es elegir el blanco en estos tiempos.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS