Las obras eternas

Las obras eternas

Septiembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

La vía Cali - Buenaventura es una vergüenza que nos va a durar los mismos años que faltan para que la terminen. El túnel de la Línea está muy lejos de cumplir su cronograma. La semana pasada, el país vio cómo el edificio Space se hacía polvo, antes de que ese monumento a la picardía siguiera derrumbándose por cuenta propia. Hay una carretera en San Gil, Santander, que no lleva a ninguna parte. Y faltan datos de otros municipios.Sigue: la construcción de la doble calzada Bogotá - Girardot duró diez años (para 147 kilómetros), una eternidad; casi lo mismo que la autopista Bogotá - Tunja, aún sin terminar.En cuanto a la vivienda familiar se escuchan quejas y quejas contra algunos constructores que no cumplen con los mínimos de calidad y seguridad. En Colombia, los apartamentos modelo suelen ser eso mismo, modelos, distan mucho de la realidad. Si uno junta todas esas piezas, da con un rompecabezas. ¿Qué les pasa a estos sectores de la economía nacional, ahora mismo que pretendemos vender al mundo un imponente grado de desarrollo? ¿Qué pasa con las grandes obras que se convierten en eternas? ¿Y qué pasa con esa ambición desmedida de algunos, la de hacer plata a costa de incautos, con la mala calidad como primera piedra? El viernes pasado hice Cali - Buenaventura - Buga. Me fue muy bien. ‘Apenas’ ocho horas. Y digo ‘apenas’, porque la señora compañera de puesto del bus me dijo que pocos días atrás había salido del puerto a las seis de la tarde para llegar a Cali a las dos de la mañana; es decir, las mismas ocho horas, solo que para un solo trayecto. Entendí entonces la respuesta del hombre de la taquilla de la empresa de transporte: “Tardamos unas tres horas (Buenaventura – Buga), si es que no hay trancón” (se fueron casi cuatro horas). Claro, están en obra. El problema es cuánto tiempo la vía estará como tal. Si me atengo a informes de prensa http://www.semana.com/nacion/articulo/la-via-buenaventura-da-vergenza/403468-3 en los que el presidente Juan Manuel Santos califica la obra de “diabólica”, prefiero apagar e irme. Lujo que no se pueden dar millares de personas que necesitan viajar o que viven allí.Un ejemplo, si una persona debe hacer dos veces a la semana Cali - Buenaventura- Cali, tarda 16 horas (en el muy hipotético caso de no encontrar trancones). Eso al mes suma 64 horas. Si lo hace durante doce meses, más o menos, son 768 horas. O sea, 32 días, poco más de un mes al año a bordo de buses para recorrer 108 kilómetros de ida y los mismos de regreso, dos veces al mes. ¿Velocidad promedio? Unos trece kilómetros por hora.No voy a hablar de todas las formas perversas de contratación y de ejecución de recursos que ya conocemos. Ni de los carteles de toda laya, incluidos los de invasores. Eso está más que diagnosticado. Ni de los grandes responsables: los gobiernos nacionales de los últimos 50 años, que nunca pusieron el tema en el grado de urgente. En Buenaventura los recuerdan.Lo que me pregunto es cuánta preocupación genera un panorama así en los sectores de la construcción y de la infraestructura. Y si son capaces (ahora que todos decimos ser capaces) de aceptar los errores cometidos y reconocer que hay miembros del gremio que han cedido a tentaciones, Aquí, más que casos aislados, hay una crisis. Pero, además, ese mea culpa debería servir para reflexionar sobre cuestiones técnicas: ¿Somos en realidad tan vanguardistas y eficientes en este tema, o nos hace falta que de afuera nos echen una mano? Digo, en el remoto caso de que alguien tenga algo que enseñarnos.

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