La memoria de Jesús

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La memoria de Jesús

Septiembre 01, 2019 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Es martes de la semana pasada. Mientras el sol de la tarde abrasa sin clemencia, las amplias salas de La Tertulia nos sirven de refugio y de espacio de reflexión.

Hace rato que no veo a Jesús Abad Colorado, aunque suelo verlo a menudo. Me explico: veo seguido a lo que en sí es Jesús, a lo que representa. Porque él es una extraña forma concreta de memoria. Eso que poco o nada existe. Porque, por lo general, la memoria, y más la de la historia, se amaña, se manipula, se acomoda.

Y la suya, su memoria, está ahí, tal cual como la podemos ver por estos días colgada en Cali. Con esas fotografías que desnudan el eterno martirio de la guerra, eso que increíblemente somos capaces de reinventar una y otra vez, hasta el punto de no cansarnos de hacerlo y, lo peor, de heredarlo.

Todos los puntos cardinales de la nación dejan ver que a lo largo y a lo ancho de esta tierra, la barbarie jamás duerme. Apenas disimula o se pone distintos ropajes, pero las huellas que deja son idénticas.

Abro los ojos para buscar esos detalles que esconden las imágenes en las que se detiene el tiempo y los cierro por momentos para oír de boca de Jesús eso mismo que está ahí, incontrastable y desnudo, iluminado por los chorros de luz natural que entran por los ventanales.

“La verdad, aparte de hacernos libres, es necesaria para mirarnos en el mismo espejo roto. A veces vemos solamente a unos como responsables y se nos olvida que muchos fueron culpables. Y a veces, nos negamos a verla, a escucharla, a pronunciarnos sobre ella”, dice frente a los testimonios del dolor de Bojayá.

“En este país solo queremos que unos nos digan lo que hicieron, y otros quieren vivir en silencio, por eso le tienen miedo a la Justicia Especial para la Paz, que no es una justicia de venganza sino una justicia para un país en transición, para un país que necesita que haya verdades reales, no la que siempre han querido ver con un ojo”, habla ahora de cara a esa escalofriante instantánea en la que el informante del pasamontañas y camuflado apunta con su dedo a quien le espera el patíbulo, en Medellín, en la Operación Orión, en 2002.

“Hay que conocer esta realidad desde muchas miradas: la de la naturaleza herida, y la de las escuelas, templos y bibliotecas convertidos en trincheras, con campesinos, comunidades afro e indígenas convertidos en objetivos. Por eso, construir la paz y trabajar por conseguirla es pensar, luego de ver y reconocer que durante tantos años ellos han sido los perdedores”. Ante sí, el silencio eterno de quien paga gota a gota con su sangre el derecho a la dignidad en las montañas del Cauca.

Veinticuatro horas enseguida, el miércoles, la Fiscalía dice que no hubo desaparecidos en el Holocausto del Palacio de Justicia. 48 horas luego, el jueves, ‘Iván Márquez’ desempolva un discurso de los 60 y traiciona con tambores de guerra el sueño de paz de una sociedad que comienza a vivirla en muchas regiones. 72 horas después, nos vienen con el cuento de que la concentración de la propiedad de la tierra no existe en Colombia. Y que de haberla, qué tal, es porque está en propiedad de indígenas y afros.

Entonces, vuelvo a ponerme en La Tertulia para recordar que sí, que todo aquello eso pasó y que seguirá pasando si permitimos que el negacionismo le gane a la verdad. Porque atentar contra ella, desde la orilla que sea, parece fácil. No lo es en cambio, y bien lo sabe usted Jesús, pretender tapar el sol de los clicks de su memoria hecha carne en esas fotografías que nos recuerdan lo que nadie podrá negar.

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Sobrero:
Y qué mejor que el aire de frescura del Quinto Festival Internacional ‘Oiga, mire, lea’ para encontrar en la literatura otro antídoto contra el dogmatismo. Vayan esta semana, no se lo pierdan en la Biblioteca Departamental y en los eventos descentralizados.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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