La mano de Dios

La mano de Dios

Mayo 26, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

El doctor Francisco Javier Villegas Alzate lo ha vuelto a hacer. Y lo seguirá haciendo cuantas veces pueda. No solo porque su sapiencia en el ejercicio de la cirugía plástica reconstructiva no cesa de crecer, como lo demuestran los resultados de sus intervenciones quirúrgicas, sino porque en su práctica de la medicina hay un solo principio, el bienestar del paciente. Además, sin importarle su condición económica. Eso que, digámonos la verdad, no siempre pasa.

Le debo mucho al doctor Villegas. Y no porque yo o alguno de los míos haya necesitado de su atención profesional (toco madera para que así siga siendo). Le debo mucho al doctor Villegas (doctor en un país de ‘doctores’) como simple colombiano que soy.

Solo yendo de adelante para atrás, le debo por lo que acaba de hacer por Carlos, quien vivió un milagro hace pocos días. Y lo llamo así, milagro, aunque en realidad es el resultado de los avances de la ciencia médica con la que el doctor Villegas, a punta de estudio y dedicación, hace camino para que nuevas generaciones de profesionales puedan seguir sus procedimientos y salvar proyectos de vida.

Carlos, como informó este diario, estaba condenado a perder su mano derecha en un hecho del que no se sabe si fue asalto, riña o una muestra más de una sociedad enferma que, aparte de tantas bestialidades, es capaz de matar o mutilar por una camiseta de fútbol. Hincha de Millonarios, él había decidido ir a Ipiales, seguramente desde Bogotá, a ver a su equipo cuando dos sujetos, que luego huyeron en moto, le cercenaron la mano derecha a golpe de machete, cerca del peaje de La Uribe.

Como en cerca de veinte oportunidades en las que la violencia o los accidentes han causado este tipo de lesiones (la expresión se queda corta) en el centro del Valle, la alerta apuntó de nuevo al doctor Villegas, ese hombre del que bien dice alguien es la auténtica mano de Dios. Él y su equipo, como siempre exige las pocas veces que habla de su obra.

Este tipo de cirugías son carreras contra el tiempo en los que pocos minutos significan todo. Hay de hecho unos protocolos que pronto determinan si hay reales posibilidades de salvar la extremidad amputada o afectada. De ser así, viene entonces ese trabajo de orfebre que permite que vena a vena, arteria a arteria, vaso a vaso, la microcirugía traiga de vuelta aquello que el propio médico define bien como el color natural de la piel. Una irrigación, más que de sangre, de vida misma.

Quién sabe en cuántos lugares del mundo se haga algo igual. Y, además, cuántos pueblos la necesiten con tanta frecuencia, más allá de los casos accidentales. Es esta física cirugía de guerra. Lo importante es que se hace bien y, además, instruye. Dos años atrás, el doctor Villegas publicó un libro en el que aborda el tema. El solo nombre de este texto habla por él: ‘Cirugía plástica para el médico, estudiantes de la salud y otros profesionales’.

Eso es el doctor Villegas, un libro abierto, para beneficio de todos. Y el antioqueño que vino de Yarumal y se quedó a vivir en esta tierra con bajo perfil para ser tan vallecaucano como el ‘que más’.

Un hombre sencillo al que le pido el favor de que me conceda un minuto para decirle esto que consigno hoy en estas líneas: con colombianos como usted, doctor Villegas, este país tiene no solo de qué sentirse orgulloso sino que además puede tener esperanza, incluso en estos tiempos cuando de quienes más hablamos se le parecen tan poco.

Gracias, doctor Villegas. Usted lo ha vuelto a hacer y lo seguirá haciendo. Ojalá más adelante pueda dedicarse más a enseñar que a intervenir. Porque el día en que le falten este tipo de pacientes es que, para bien, hemos decidido ser otros.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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