Filtraciones

Filtraciones

Enero 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Es sabido y resabido el abuso de algunos funcionarios de la Justicia y de los organismos de control que notifican decisiones a través de los medios de comunicación a ciudadanos objeto de algún tipo de investigación. Fruto de esa irresponsable conducta, sobreviene el linchamiento mediático que se lleva por delante la presunción de inocencia y el derecho al debido proceso.Si quienes incurren esa práctica tomaran mínima conciencia del alcance actual de lo que es echar a rodar esas bolas de nieve, multiplicadas en tamaño y efecto a la n potencia por cuenta de las redes sociales, quizás pensarían un poco a la hora de tomar esas decisiones. Eso, en el hipotético caso de que quien suelta la exclusiva tiene apenas el propósito de anticipar en público lo que expresamente debería haber hecho en privado.Porque, eso sí, no todas las filtraciones son tan cándidas. ¿Esconde algo más esto de hacer bombo en una radio o en un diario con un adelanto sobre lo que se conoce alrededor de un proceso? ¿Es acaso la forma perversa de anticipar una condena? Lo digo porque una cosa debe ser un asunto en manos de un juez, o similar, y otra es ese mismo asunto, con la carga agregada de una sociedad, empeñada en creer que hace justicia, no a partir de lo que dicta esta misma, sino con la tendencia marcada por quienes mandan este tipo de señales. Bueno, dirán algunos, pues para eso, entre muchas cosas, es que se prepara quien tiene la última palabra, el juez. Sí, pero vaya y diga, poniéndonos en los zapatos de su señoría, que fulanito o sutanita son culpables o inocentes, verbo y gracia en el sonado caso Colmenares, luego de que las partes han hecho todo un trabajo mediático para ayudar a inclinar la balanza. Y es que además de la condenable práctica de aquellos funcionarios, son prestigiosos abogados quienes han hecho de esto una escuela que debe resultar provechosa en resultados en la medida en que incurren una y otra vez en ella. Eso sí, cuando la mano les viene al contrario, entonces salen a pedir garantías y demás, olvidándose que son víctimas de su propio invento.La filtración también da réditos en materia de imagen. Esos partes positivos con cara de exclusiva han convertido a personajes grises en brillantes ejecutores, fruto del permanente reconocimiento de quienes les dan vitrina a cambio de alguna ‘chiva’. Porque las filtraciones no serían nada sin cajas de resonancia. Ahí nos cabe una inmensa cuota de responsabilidad a los periodistas. Con el matiz correspondiente hay que decir que no podemos negar que fueron filtraciones las que dejaron al descubierto las maniobras de Richard Nixon, o las que nos ayudaron a conocer el tamaño y alcance de las chuzadas del DAS. Pero de ahí a que solo sirvamos de mensajeros -sin contrastar, sin contextualizar, sin cuestionarnos qué puede haber detrás del favorcito- hay un abismo. Mejor dicho, no hay almuerzo gratis y de eso tan bueno no dan tanto. En resumen, las filtraciones son cada vez más un regalo envenenado. Lo que significa para nosotros hacer más, y mucho mejor, nuestro trabajo y depender menos de quienes hicieron de esto una estrategia tan efectiva que ya es costumbre.

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