El otro cese

El otro cese

Septiembre 15, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Quién con más autoridad que las propias víctimas del conflicto para reclamar un cese bilateral al fuego? Y es que ahora mismo, cuando nos preguntamos si somos capaces de ponernos en los zapatos del otro, no se puede dejar que esas voces autorizadas, las de quienes han vivido esta guerra en carne propia, se pierdan en los desiertos de la indiferencia o en los del radicalismo.Gobierno y guerrilla han decidido negociar en medio de la guerra porque, se presume, es precisamente eso lo que quieren dejar atrás. El cese al fuego es una señal, no la fórmula definitiva. Y si bien alivia la situación de millares de compatriotas, es apenas un medio para llegar al fin.Las declaraciones de ‘Iván Márquez’ sobre esa exigencia de las víctimas reviven varias preguntas. ¿Por qué quieren las Farc, como lo han dicho varias veces, un cese bilateral? ¿Acaso, porque son conscientes de su debilidad militar, a la que las autoridades atribuyen los actos terroristas de los últimos meses? ¿O es que, superada la primera mitad del proceso de paz, consideran que es el momento de ganar espacio en la opinión pública? ¿No será que hay en La Habana señales en ese sentido, señales que deberían manejarse con toda discreción pero que las Farc sueltan entre líneas para ganar puntos en un futuro?Puede ser la suma de todo eso. Lo que hay que preguntarles a las Farc es por el otro cese al fuego, ese que apunta y dispara contra la población civil. Está sucediendo en los lamentables casos del Cauca (y hace unas horas en Robles, Valle del Cauca), con sus malditos ‘tatucos’, pero también en otras regiones del país con menor visibilidad en los medios de comunicación. No son casos aislados.¿Qué pasa? Pasa, primero, que las Farc andan en un trabajo político en territorios que tuvieron marcada influencia suya en épocas pasadas y que perdieron luego entre el avance del paramilitarismo y sus aliados, más los golpes de la Fuerza Pública. Debemos saber que la guerrilla no va a dejar un día los fusiles y se va a levantar la mañana siguiente a vender su discurso. Es obvio que ahora haga proselitismo, armado por supuesto. Y pasa que en esa tarea las Farc se están encontrando con sorpresas. Una, la decidida resistencia de sectores campesinos, opuestos a que los arreen de nuevo y a que esa guerrilla pretenda echar atrás proyectos de sustitución de cultivos que van bien avanzados para reemplazarlos por ¿más coca? Por favor, no puede ser.Y cuando un comandante de frente se encuentra con que la gente no traga entero o no obedece, pues pasa a la intimidación. Igual sucede con empresas que operan en esa otra Colombia y que se niegan a pagar la ‘vacuna’ aplicada. Ahí se explica la nueva ola de quema de vehículos de transporte pesado. Dicen algunas fuentes que para apretar más duro a campesinos y empresarios, las Farc han cambiado de zona a jefes que llevaban buen tiempo en algunas regiones en las que se estaban habituando a nuevos panoramas.El otro cese no está en la agenda de La Habana y tampoco debe ser un condicionamiento para que los diálogos sigan adelante. Lastimosamente, así es. Pero sí debería entrar en otra agenda, la nacional. Las Farc deben comprometerse con la población civil con el cese de ese otro fuego, el de los ‘tatucos’ y el de todo tipo de acciones armadas que llevan a más desplazamiento, a más intimidación, a más extorsión, a más coca y, en general, a todo aquello que va contra la libre decisión de las gentes. Creo en la paz y en el actual proceso, y me parece que el cese bilateral al fuego es un avance. Pero no me gusta ese fusil sobre la mesa, mesa que somos todos.

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