El nuevo modelo

El nuevo modelo

Mayo 05, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Se podría patentar. De hecho, ya está en práctica y no queda duda de su eficacia. Además, no es ilegal. El caso es que la forma de hacer política hoy en el mundo ofrece impensables fórmulas de éxito. Ya sea a partir de posicionar la marca antes que la inmediata conquista del poder (que ya llegará). O, más que nunca, con el divide y reinarás como estandarte para confundir y, luego, triunfar.

La última muestra ocurrió en las pasadas elecciones en España y la representó Vox, el movimiento político al que tanto le molesta que le digan que es de ‘extrema derecha’, ‘ultraconservador’ y ‘ultranacionalista’, como si no lo fuese y de lo que no debería apenarse.
Igual pasa con la extrema izquierda y sus perfiles acuñados, y a los que se ha hecho merecedora. Ya sabemos de ambos, patos que caminan como patos...

Se sabe que la irrupción de este tipo de alternativas, en un mundo cada vez más desencantado de mentiras, falsas promesas y corrupción, llega acompañada de mesianismo. Como también se sabe que su objetivo son los defraudados, los escépticos y los cándidos, entre muchos.

Partidos así, y dirigentes así, provocan una mayor presencia en las urnas. Y con lo que obtienen en los escrutinios salen a hablar de golpe de opinión a su favor. Incluso cuando pierden. Como sucedió en la misma España, donde el Psoe se mantuvo en el poder con un claro mensaje de la mayoría de ciudadanos de esa nación: no estamos para aventuras, más allá de los 24 diputados que obtuvo Vox (sí, los consiguió, pero soñaba con muchos más).

Volvamos ahora un momento a esa candidez de algunos a la que hice mención arriba para dejarse meter, por ejemplo, que colectividades así no tienen nadita que comer, se financian a punta de bazares y su pretensión no va más allá de mejorar las cosas, lo que seguramente está en su programa.

Hay suficientes pruebas de que no es así, al menos a partir de los antecedentes. Un análisis de Anne Applebaum para Washington Post dice que, en el caso de Vox, ese partido no ha hecho otra cosa que beber de las aguas que sirvieron a Donald Trump y a radicales de derecha en Europa para llegar al mando.

Y llama la atención ver que algunas de esas prácticas tienen curiosas identidades en nuestro medio. Mejor dicho, que esto es una estrategia, un modelo, una fórmula. Se comienza con polarizar y agudizar día a día esa polarización, con el ‘espontáneo’ apoyo de fanáticos que se mueven en las redes sociales, siempre embozados. Luego, se convierte a adversarios políticos en el objetivo de su tiro al blanco (lo que tampoco es difícil en la medida de que muchos de esos otros políticos abonan el terreno con sus prácticas indecorosas, desaciertos y escándalos).
Enseguida, o al mismo tiempo, la tarea es desprestigiar a periodistas emblemáticos y líderes de opinión.

A su vez, los nuevos protagonistas intentan pasar por auténticos defensores de valores, más allá de que no les sea fácil evidenciarlo. Sus disparos apuntan a temas tan sensibles como aborto, divorcio, matrimonio igualitario, inmigración, feminismo, género y similares. Todos ellos son puestos en la picota pública para, enseguida, lapidarlos, con efectos inmediatos sobre la percepción general.

Para financiar esto, y mucho más (porque hay más), se necesita plata. ¿De dónde saldrá? Seguramente de la generosidad de algunos, aunque quién sabe si también haya otras fuentes. Ese es uno de los grandes secretos a develar como aquello otro de ‘inmensas mayorías’ con que dicen contar y que no lo son tanto porque no funcionan ni son vistas como tales por sus propios jefes.

¿Cómo enfrentar fenómenos así? Con lo que debería ser realmente la política, el bien común y el respeto por las libertades. Aunque quién sabe si ya sea demasiado tarde. Mejor dicho, si el modelo llegó para quedarse, como todo indica.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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