¿Cuotas de ‘positivos’?

¿Cuotas de ‘positivos’?

Septiembre 22, 2014 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

No es fácil ser policía en este país. En Colombia, el policía está, a la vez, en el frente de una guerra que hemos sido incapaces de parar y en la lucha por la seguridad. Le toca de todo, desde evitar el robo de celulares (tres por minuto, dicen las estadísticas) y administrar la inmovilidad de Bogotá, hasta hacer de ángel de la guarda de los amenazados y lidiar con el ‘chicharrón’ de las barras bravas. Y mucho más.No creo que haya en el mundo un cuerpo de Policía que haga tantas cosas a la vez. Aparte, el precio que se paga no es poco. Ahí están, en un barrido de los últimos días, el tributo de vida de siete de sus hombres que cayeron en Córdoba por el ataque de un frente las Farc (a las que habría que sumar los asesinados por el plan pistola en Antioquia y el de hace pocas horas en Arauca) o las heridas a machete sufridas en el fin de semana por un auxiliar en la estación del MÍO de Santa Librada, al tratar de impedir una ‘colada’.Pero esa cara también tiene su cruz, más aún en un cuerpo tan grande, donde los errores cuestan caro. No más recuerden el caso de Diego Felipe Becerra, el grafitero que fue objeto en Bogotá, en agosto de 2011, de un vulgar montaje por algunos miembros de la institución, en la vana pretensión de convertirlo en un hampón con tal de justificar el procedimiento del dispare primero y pregunte después en que incurrió un patrullero. Ellos, los incriminados en esa situación, le hicieron tanto daño a la Policía como los tiros a mansalva de los grupos armados ilegales.La Policía, qué duda cabe, es tan efectiva cuanta mayor relación de confianza tenga ella con el ciudadano de a pie. Digo todo esto a raíz de las grabaciones hechas públicas por la F.M. http://www.lafm.com.co/noticias/denuncian-presiones-dentro-de-168571 sobre conversaciones en las que se citan presuntas órdenes para que algunos efectivos cumplan con cuotas mínimas de detenidos (tres al mes) y de decomisos de estupefacientes al mes y al año (la cantidad depende de la especie), so pena de ver comprometidos ascensos y beneficios, e incluso su permanencia en las filas. Las consecuencias de algo así no pueden ser otras que la extralimitación de funciones y la arbitrariedad. Sin dar mayor explicación, los altos mandos han pretendido desmentir la existencia de ese tipo de políticas. Al menos a mí, como ciudadano, no me basta lo que han dicho. Quedan bastantes interrogantes en el ambiente. ¿No es necesaria una investigación interna, luego de que, aparte de las grabaciones, hay testimonios de uniformados a medios de comunicación (bajo la reserva de sus identidades) que confirmarían esas formas de presión de superiores inmediatos para obtener resultados? Si es así, ¿quiénes a su vez estarían presionando a esos mandos medios? ¿Con qué fin? ¿Quizás enseñar cifras de mejoramiento que no van a coincidir con nuestra percepción de la inseguridad? ¿Cuál es el efecto de esas cuotas obligadas sobre un patrullero, ya sometido a la dura carga y al estrés del trabajo diario? ¿Cómo llamamos a las violaciones a la ley en que se incurra para alcanzar la cuota exigida: abuso de autoridad o falsos positivos?Un caso similar en Suecia o en Letonia (bueno, estoy seguro que también en Costa Rica o en Uruguay) despertaría, primero, un debate parlamentario a alto nivel (un debate serio, no la vulgar cosecha mutua de odio del otro día). Y, segundo, la intervención del Gobierno central, que, pregunto, ¿cuán interesado estará en saber qué es lo que pasa?

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