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Confianza y Padrenuestro

Junio 06, 2021 - 11:40 p. m. 2021-06-06 Por: Víctor Diusabá Rojas

El lunes pasado me colé (literal) como simple espectador en una de las mesas de conversación entre representantes de la protesta y autoridades, de esas que transcurren en el centro del Valle.

Y llegué pronto a una conclusión: el principal obstáculo que tenemos en un escenario local como ese, igual en lo nacional, es la desconfianza. La de toda la vida, además, que ya acumula siglos. Aquella progresiva y metódica devaluación de la confianza que ahora nos pone frente a este momento tan complejo.

¿Qué es la confianza, para qué sirve y cómo se construye? son interrogantes que, como sociedad, hace mucho deberíamos estar en capacidad no de preguntarnos sino de respondernos.

Es posible, a la usanza de Hemingway, que creamos que “la mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando”. Lo que resulta inaudito es que todavía no terminemos de entender que “es la confianza mutua, más que el interés mutuo, la que mantiene unidos los grupos humanos”, como dijo el genial y polémico, Henry Louis Mencken. Falta de confianza que divide a esos grupos humanos hasta hacerlos irreconciliables, como está pasando aquí.

Más aún cuando la confianza no es algo etéreo. Ni un saludo a la bandera o una soflama, tampoco un don. La confianza es un hecho que se reafirma con hechos. Solo así puede permanecer. Un hecho que el Estado solo puede enseñar a sus ciudadanos si las cosas se hacen bien y, ante todo, permanecen.

Cuando no es así, como dice Fernando Savater, cuando el Estado y los gobiernos que lo encarnan (y peor marchan, uno tras otro) no se gana en confianza, sino que surge la desconfianza y los recelos (y cosas más duras).

¿Cómo construirla o cómo reconstruir la confianza? Porque esa es la urgencia de hoy. Con hechos que parten de decisiones y políticas capaces de construir pactos sociales. Lo que no es solo plata sino voluntad, más no arrogancia. Porque la confianza “nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas”, tal cual lo afirma Wallace Stevens.

Hablar así, en un momento en el que abundan muertes, desapariciones, violaciones a los derechos humanos, bloqueos, destrucción, más una pandemia y una pobreza desatadas, parece ser mear fuera del tiesto.

Porque podemos quedarnos en esa exclusiva narrativa de la tragedia, que tiene todo el derecho a ser como parte de nuestra (dolorosa) historia nacional y cuenta con claros responsables. Pero a la hora de pretender salir de esta situación y mirar hacia adelante, necesitamos otras formas de ver las cosas. Vean no más cómo antiguos combatientes que militaron en la guerrilla y el paramilitarismo han generado, juntos y al lado de sus propias víctimas, tejido social y modelos de desarrollo económico que ahora mismo funcionan y nos sirven de ejemplo.

“Con confianza hecha a partir de la compasión, no necesariamente ella como elemento religioso” me dice mi amigo y maestro José Félix Montoya, hombre al que le he visto abrir trocha para empujar ese tipo de procesos en la Colombia rural de la que todos hablan, pero pocos conocen. “Compasión que comienza en algo tan sencillo como ponerse en los zapatos del otro”, asegura.

Y encuentro otra narrativa en “Padrenuestro: un viaje a la paz interior” (Amazon), el fabuloso libro que acaba de publicar Luis Cañón Moreno (él también maestro y amigo que me enseñó mejor que nadie este oficio del periodismo). Es ella, la del Padrenuestro, una propuesta nacida de la voz ecuménica de esa oración capaz, por encima de los credos, de llamar a la transformación social a partir de la profunda transformación individual, tan inaplazables la una como la otra.

Sobre todo, en este mundo de egos en el que vivimos, donde ya es hora, como dice Luis, de privilegiar el ser al poseer.

Claro que Colombia necesita ser otra, pero mejor si también nosotros cambiamos. Y no se trata de orar, coser y cantar, sino de construir mañana con confianza y con la filosofía de ese Padrenuestro que, quienes lo lean, verán por fortuna cuán terrenal y actual resulta ser.
Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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