‘Catatumbo’ tiene la palabra

‘Catatumbo’ tiene la palabra

Septiembre 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Señor ‘Pablo Catatumbo’: (O mejor, Jorge Torres Victoria, tal cual es su nombre, como rezará en la cédula de ciudadanía):El paso siguiente, el paso inaplazable, es la verdad. Sin ella, esto quedará más que a medias. Mejor dicho, no hay nada más delicado para la construcción de una paz real y duradera que jugar con la verdad.Y aquí siempre ha hecho falta la verdad. Comenzando por ustedes que, como actores de la guerra, se acostumbraron a mentir. Ustedes, y todos. Quizás por aquello de que la primera víctima en la guerra es la verdad, pero también porque si hay algo en lo que se aplica que el fin justifica los medios es la guerra misma. Y también porque la historia la escriben los vencedores. Y como en esta según su jefe ‘Timochenko’ (ahora, Rodrigo Londoño Echeverri), “no hay vencedores ni vencidos”, pues habrá dos versiones y dos presuntas verdades. Yo, como muchos colombianos, espero nada más que verdad. Y para comenzar, le pido una que compete a esta tierra donde su padre, el viejo laureanista, lo vio partir al monte, desde donde ahora regresa. Hablo del caso de los diputados del Valle del Cauca.Tengo esperanzas de que así sea, que se conozca cómo y por qué pasó. Más aún después del encuentro de hace unos días en La Habana entre ustedes y los familiares de las víctimas de ese hecho cobarde. Me quedo con la frase de uno de ellos: “No creía que fuera capaz de perdonarlos, pero cuando los miré a los ojos, supe que en ellos había voluntad de paz. Se les ve cansados de la guerra. Yo los perdono”.Jorge, ahí hay mucha tela por cortar y eso se tomará su tiempo. Por ahora urge una verdad: la que usted conoce, quizás como nadie, sobre Héctor Fabio Mazuera. Él lleva 13 años en la cárcel. Lo condenaron por su supuesta participación en el asalto a la Asamblea que terminó en lo que terminó.Y he subrayado supuesta, porque a pesar de los 33 años, once meses y nueve días que debe pagar en prisión, su participación sigue siendo eso, supuesta. Ese día, 11 de abril de 2002, Héctor Fabio estaba en una consulta médica, afectado por una dolencia en los pies que le impedía mover sus casi 120 kilos de peso. Y no, como lo acusaron (dice él), al mando de una motocicleta, abriendo paso a la buseta en la que se llevaron a los diputados. Ese es el primer punto de una serie de evidencias y testimonios que vale la pena tener en cuenta. Los siguientes no dejan menos inquietudes. Un comandante guerrillero se lo encontró en la cárcel de Palmira y ahí vino a saber de Héctor Fabio y su condena. Averiguo con los suyos y ellos le dijeron que ese hombre era inocente, que ni era de las Farc ni menos era parte del frente urbano ‘Manuel Cepeda Vargas’. Las propias víctimas, comenzando por Sigifredo López y una persona a la que el comando dejó ir por petición de los propios diputados afirman no haberlo visto en el asalto y ahora trabajan en causa común para que lo dejen libre. A eso hay que sumar la declaración del jefe inmediato donde él laboraba y el respaldo de los vecinos del Barrio Marroquín, donde habitaba. ¿Quién lo puso dónde ahora está? Un guerrillero, Jorge Eliécer Romero, apodado ‘Care Niña’, que, dicen, buscó indulgencias a costa de este hombre que ni siquiera estaba en el lugar equivocado. Todo eso lo contó hace rato El País, en una excelente nota de Santiago Cruz Hoyos*.Jorge Torres Victoria, su testimonio ayudará a dar con la verdad. Usted tiene mucho por contar, pero ¿por qué no comenzamos por Héctor Fabio? Y ahí sí, con esa y otras pruebas sobrevinientes, la justicia, si la Corte Suprema acepta la demanda de revisión, decida lo que merece Héctor Fabio.‘Catatumbo’, tiene la palabra.* http://www.elpais.com.co/elpais/judicial/noticias/conozca-historia-primer-condenado-por-secuestro-diputados-valle.Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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