Cañaveralejo y ‘Usu’

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Cañaveralejo y ‘Usu’

Diciembre 22, 2019 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

A la hora de escarbar en el baúl de los recuerdos, la una y el otro estarán siempre ahí. Cañaveralejo como lo que siempre ha sido, asiento cultural. Y él. Albeiro Usuriaga, aquel tipo sin molde que hizo del balón una fantasía.

Cañaveralejo, a orillas de esta Quinta que vas pasando. Ya sea en diciembre, hecha Feria. O en mayo o agosto, apenas paisaje urbano. Y así pintaba para siempre; antes de volverse vieja, condenada a morir.
Sin embargo, y eso es lo que felizmente cambia, Cañaveralejo acaba de parar el reloj. Es decir, ya no tiene fecha de caducidad. Por una razón que no admite reparos: se lo ha ganado.

Lo ha hecho desde hace 62 años cuando la levantaron, ‘totuma en mano’, como dicen los testimonios de la época sobre la forma cómo fueron conseguidos los recursos, puerta a puerta. Esa misma plata que hicieron rendir hasta el último centavo los constructores de entonces, sabios tanto en cálculos aritméticos como en el cuidado de cada peso (para qué hacer comparaciones).

Durante décadas, mientras transitábamos frente a ella o nos adentrábamos para que diera cobijo a nuestras pasiones, desconocimos su real condición de joya. Porque lo es, hasta el punto de ser una de esas obras maestras que Guillermo González Zuleta le dejó como herencia a esta nación. Lo dicen quienes saben: es González Zuleta el genio de genios en una ingeniería como la nuestra, escrita, por muchas razones, más en pasado que en presente.

Esté donde esté no le gustará que se diga esto de él. Y exigirá con razón que sean puestos en el mismo nivel de reconocimiento Julián Guerrero y Jaime Camacho, los otros dos grandes autores del monumento. Y antepondrá, eso casi seguro, a Joaquín Paz Borrero, cuerpo y alma de la idea que dio a luz a Cañaveralejo.

Bienvenidos entonces todos a esta segunda era de la plaza que, ahora, bajo el nombre de Arena Cañaveralejo será más de todos, con la aprobación del Plan Especial de Manejo y Protección, Pemp. A disfrutarla desde el jueves próximo, con los toros de por medio. O con lo que a usted le guste, cuando sea.

Y vamos ahora con la emoción de ver volar otra vez a ‘El Palomo’ Usuriaga en otro acierto de Telepacífico y gracias al ojo mágico de Carlos Moreno, siempre cine puro. Y gracias también a la semilla de inquietud que sembraron hace unas semanas Cesar Polanía, Kike Rojas y Hugo Mario Cárdenas con la estremecedora ‘Jaula del Palomo’.

En esta segunda temporada, Usuriaga (el ‘Usu’ del barrio bravo y de la calle sin salida) vuelve de la Argentina, y del más allá, más grande que nunca.

En esos videos añejos le sobran piernas al negro para tirar gambetas y para dejar estela de humo en cada pique, mientras arriba la tribuna se hace feligresía. Lleva Albeiro colgado a la espalda el 9 del auténtico Rey de Copas, Independiente de Avellaneda. Porque en estricto seguimiento de la historia, Rey de Copas solo hay uno (dejen ustedes de vivir de premios secos y de aproximaciones).

Y mientras inventa lo imposible y le sale fácil, ‘Usu’ hace eso otro que también le resultaba natural: sonreír a los hinchas con sus dientes blancos y grandes. Sí, porque hubo un momento en la historia del fútbol en que a los jugadores solo importaba quienes aguantamos y chillamos detrás del alambrado. Un pasado que no volverá. Ahora solo preocupan contratos, publicidad y PlayStation. Y (por encima de todo) a dónde ir la próxima temporada.

En este mundo que solo sabe vivir el presente y el lejano futuro de la media hora siguiente, sentir a Cañaveralejo (y, en mi caso, con los toros abordo) como pieza viviente, e inmortal de museo; y a Usuriaga tan entero, y pillo buena gente, como esa vez que nos llevó a un Mundial, es una doble forma de regodearse con el ayer. Que, no lo olviden, existió. Y fue así de grande, como ellos.

***

Sobrero:
Feliz Navidad.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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