Camino a los enroques

Camino a los enroques

Abril 29, 2018 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Los ‘purasangre’ -decididos, convencidos e incondicionales- andan ahí, en primera fila del debate nacional, prestos a jugarse enteros por sus causas, de cara a las elecciones.

Los hay uribistas, refrendan su fidelidad al jefe apostando por Iván Duque (quizás no haya muchos purasangre ‘duquistas’, porque no es fácil hacerlos en cuatros meses). No dudan de la victoria en primera vuelta (así las últimas encuestas llamen a alguna reflexión en ese sentido). Y están seguros de que si llega a haber segunda, el asunto será poco menos que de trámite.

Los hay petristas, resultado de diferentes grados de intensidad. Algunos pocos vienen de los tiempos del Eme. Otros son seguidores de siempre en sus tiempos de congresista. Existen quienes se subieron al bus del petrismo durante la alcaldía de Bogotá y están los de última generación.

¿Y hay purasangres en las toldas de los demás aspirantes? Los ‘verdes - verdes’, está visto, son más mockusianos que ‘fajardistas’ (en el hipotético caso de que exista el ‘fajardismo’) y se ven más adalides de la lucha contra la corrupción y defensores de la buena educación que purasangres de su candidato. El vargasllerismo, por antecedentes y mecánica política, tiene los suyos. Igual se puede decir de los ‘lacallistas’, aglutinados en torno a la bandera de la paz.

Pero no se ganan las elecciones solo con esas audiencias tan cercanas a la militancia decidida e inclaudicable. Las elecciones se ganan más con simpatizantes, por encima de partidarios. Y sobre todo en segunda vuelta, cuando surge la posibilidad de agregar al capital inicial de votantes, otras franjas de opinión a las que se les puede tentar por afinidad o por lo que se podría llamar contrariedad: el antiuribismo o el antipetrismo.

De todas maneras es injusto sacar de carrera a los demás por lo que hoy arrojan las encuestas. Pero así como los estudios de opinión generan tanta desconfianza, tampoco se puede llegar al extremo de prescindir de ellos. Más cuando resultan tan coincidentes. ¿Qué enroques se ven venir para un posible ballotage?

Si son Duque y Petro los llamados a definir, ¿a dónde parará la mayoría silenciosa de los ‘verdes’, más allá de que (como uno creería que puede pasar), la dirigencia deje en libertad de decidir a sus electores? ¿Y qué posición adoptaría Vargas Lleras, un hombre nada medias tintas al que, además, le cuesta quedarse callado? ¿Y sus grandes y reconocidos electores regionales, cuál camino preferirán? Y De la Calle: ¿Cómo actuaría frente a lo que muchos consideran puede ser la real prueba de fuego para sus resultados en materia de paz? ¿Y el público de doña Viviane, tan obediente a ella, a dónde se le obligaría a apuntar?

Aunque no descartemos otros escenarios. ¿Si, en cambio, no son ellos dos, sino, digamos, Duque y Vargas Lleras? ¿Se tomaría la foto Gustavo Petro con alguno de los dos? En política nunca se sabe. Pero más interesante resulta pensar qué camino cogerían los petristas iniciados, no los de toda la vida ¿Y si en cambio es Fajardo el que se convierte en liebre y salta a última hora para enfrentar a Duque, de qué lado se pondrían Petro y, en especial, Vargas Lleras? ¿Y si fueran Petro y Vargas Lleras los finalistas, dónde se pondría Duque y, en particular, Fajardo?

Ejercicio demasiado anticipado este, dirán algunos, cuando el afán es, por ahora, la primera vuelta. Y tienen razón. Pero hay por ahí un sufragio, al que llamaría volátil, que tiene mucho que decir. En la recta final, donde no solo correrán los purasangre sino fuerzas silenciosas, nada desestimables. ¿Qué sacarán de sus sombreros los candidatos para convencerlas? ¿Seguirán más empeñados en los miedos que en las esperanzas? He ahí la encrucijada.

Sobrero: ¿Será que las dos Coreas se reconcilian antes que nosotros, los colombianos?

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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