2015

2015

Enero 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

¿Por qué 2015 podría ser un año definitivo y pasar a la historia como el de las grandes definiciones? La apuesta de anticiparse puede resultar cara, pero bien vale explorar las posibilidades de que así sea.Comencemos por casa y el proceso de paz. Más allá de la lectura tradicional, según la cual no se puede poner plazos a un propósito de semejante alcance, está claro que si la paz no se firma en el curso de estos doce meses por venir, una de las dos: o la ruta fijada en La Habana no era el camino o las Farc van a poner nuevo conejo. Ahora bien, si llegado diciembre no hay acuerdo con la guerrilla, por más que siga la negociación, el presidente Juan Manuel Santos perdería todo margen de maniobra frente a las expectativas de una ciudadanía que será, en últimas, la que valide el proceso. Pero si todo sale medianamente bien (los procesos de paz son, y siempre serán, imperfectos), este sería para Colombia el año más importante del último medio siglo.Pero también 2015 será una prueba de fuego para el país, y América Latina en general, en materia económica. En nuestro caso particular, habrá que ver hasta dónde le pega al crecimiento la caída de los precios del petróleo. Porque de ser así (ojalá que no), podríamos marcar un punto de quiebre con efectos en los años subsiguientes. Sea el resultado que fuere, 2015 será fundamental para los bolsillos de cara al próximo quinquenio.Ahora bien, si uno mira el panorama internacional, la coyuntura dice que los desafíos marcan alto. Para el presidente Barack Obama la agenda está llena de asuntos pendientes que no admiten postergaciones. Por ejemplo, la concreción del desbloqueo a Cuba. En este tema, a Obama le tocará hacer dos carreras simultáneas sobre la misma pista. Una para sacar adelante la idea en medio de una feroz resistencia de los sectores más radicales de la oposición republicana. La otra tiene que ver con el afán que tiene Washington de convertir en hechos la simple voluntad política.Ese es solo el principio de una lista en la que abundan temas para Estados Unidos que van de lado a lado del planeta. Detengámonos en tres de ellos. Uno, el efecto (¿qué tan positivo?, ¿qué tan negativo?) de las complejas situaciones internas de Rusia y China. Dos, el futuro del Estado Islámico. Será 2015 el que marcará la verdadera dimensión de esa amenaza. Curiosamente, para saberlo, habrá que ver cómo reaccionarán los fundamentalistas a los antídotos con que se ha decidido atacarlos. Igual, y aunque es otro saco, se sabrá si los talibanes vuelven a tomar fuerza. A la par, Corea del Norte podría entrar en un terreno más cercano a la definición de su futuro. La Iglesia Católica no es la excepción. En 2015 el Papa Francisco está obligado a demostrar que sus intenciones de cambio arrojan resultados, a pesar de que sectores retardatarios siguen empeñados en aferrarse al pasado.Por su parte, gran parte de Europa conocerá este año si comienza el repunte para dejar atrás la crisis. Si es así, no serán pocas las fuerzas que sentirán esa reactivación.Y no se puede pasar por alto el conteo regresivo sobre el futuro de Venezuela. Esa bomba de tiempo podría hacer saltar en mil pedazos el remedo de institucionalidad que hoy detenta Nicolás Maduro, mientras el vecino país naufraga.Son apasionantes 365 días que esperan, los de 2015, esa niña bonita, como la llaman en España (por lo de quinceañera). De hoy en un año, en los albores del 2016 sabremos cuántos cosas cambiaron de verdad y cuántas se quedaron en el ayer. Pero si tantas y tantas determinaciones ocurren en este lapso que se nos vino encima, este podría ser el comienzo de una nueva era. Quién sabe si también para este país. Luces, cámara….

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