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¿Para qué Tribugá?

Octubre 06, 2020 - 11:40 p. m. Por: Vicky Perea García

Quienes piensan que la idea de construir un puerto en el Golfo de Tribugá murió cuando la Agencia Nacional de Infraestructura, declaró el desistimiento tácito de la solicitud de licencia ambiental porque el consorcio interesado no cumplió con los requerimientos legales, están equivocados.

La posibilidad de que alguien más pretenda seguir adelante con ese proyecto está abierta porque así lo permite el Plan Plurianual de Inversión, componente del Plan Nacional de Desarrollo vigente. Aunque no lo diga con nombre propio -porque fue quitado del texto en el último debate en el Congreso-, entre los proyectos regionales de transporte para el Chocó se aprobó un “puerto de aguas profundas en el Pacífico Norte”. Y Tribugá está justo ahí, en ese Pacífico norte colombiano.

Para no ir tan lejos, una vez conocida la decisión de la ANI el representante de la Sociedad Promotora Proyecto Arquímedes, es decir el pretendiente repudiado, aseguró que lo que se ha hecho es suspender un trámite pero ellos seguirán en la lucha para conseguir la concesión tan anhelada.

Esa sociedad o cualquier otra interesada, tienen derecho a continuar con sus pretensiones. La pregunta es si Colombia, el Pacífico y el Chocó están dispuestos a que hoy o después se realice una obra de infraestructura que le causaría un daño incalculable e irreversible a una de las regiones con mayor biodiversidad en el mundo, catalogada como uno de los 35 ‘hot spots’ del planeta, es decir que está en peligro y por lo tanto hay que protegerlo.

Imagínense lo que significaría hacer esa obra de infraestructura en el Golfo de Tribugá, un área de 60.000 hectáreas, donde se levanta uno de los bosques de manglar más importantes del Pacífico, que es hogar de paso donde se aparean las ballenas jorobadas y la guardería donde nacen sus ballenatos, el lugar donde se congregan bancos de peces y tortugas donde anidan las aves migratorias.

El desastre ecológico que se causaría es imposible de calcular, no solo en la costa. Para poner a funcionar un puerto en Tribugá hay que hacer carreteras de cientos de kilómetros que atraviesen la selva chocoana, por donde circularían quién sabe cuántos camiones al día, rompiendo se quiera o no el equilibrio ambiental que aún se mantiene.

Todo ese riesgo y todo ese daño para hacer algo que no se necesita, porque no muy lejos de ahí está Buenaventura, el puerto de Colombia sobre el Pacífico por el que se mueve casi la mitad de la carga de importaciones y exportaciones del país. Y poco más abajo se encuentra el de Tumaco, al que si se le pusiera la atención necesaria, significaría la redención para una población golpeada por la pobreza, la violencia, el narcotráfico, la indiferencia del Estado.

Entonces uno tiene qué dudar. Porque cuando se sabe que pese a todas las promesas que se le hacen un año sí y otro también a Buenaventura para mejorar las condiciones portuarias, para ampliar el canal de acceso y así permitir el ingreso de barcos de mayor calado, o para brindarles unas oportunidades de vida digna a sus habitantes, y que estas se incumplen una vez sí y la siguiente también, como si nunca hubieran existido, uno se pregunta si lo que se trata de hacer es de restarle importancia para justificar un nuevo puerto en Tribugá.

Que más bien la plata que costaría esa megaobra en medio de nuestra riqueza natural, se le meta a Buenaventura y a Tumaco. Que la atención y las intenciones centradas en el puerto tribugueño, se enfilen hacia los que ya existen. Que si la intención es generar empleo para los chocoanos, mejor inviertan en fortalecer su sostenibilidad para que esa sea su redención económica y social, y que más bien atiendan sus necesidades en salud y educación, que son infinitas.

Ojalá que ni ahora ni nunca se materialice el puerto de Tribugá.

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Preguntas fregonas: ¿Alguien cree que las Farc asesinaron a Álvaro Gómez Hurtado, ocultaron su crimen por 25 años y ahora, arrepentidos sí lo confiesan? ¿A quién benefician?

Sigue en Twitter @Veperea

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