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La realidad

Noviembre 17, 2020 - 11:40 p. m. Por: Vicky Perea García

Es la primera vez pero no será la última que un huracán de categoría 5 impacte el archipiélago de San Andrés y Providencia. Sí, lo que hasta hace dos semanas era una posibilidad remota porque nunca había sucedido en esas islas colombianas que están tan lejos del territorio continental y a veces tan ausentes del corazón de los colombianos, se ha convertido en una realidad que será cada vez más frecuente.

Ni Eta, el ciclón tropical número 29 de la temporada y cuyo coletazo causó estragos hace un par de semanas en el archipiélago, ni Iota, el devastador huracán de categoría 5, la máxima en la escala Saffir Simpson que los clasifica según la velocidad de sus vientos, que arrasó con Providencia y Santa Catalina mientras ocasionó destrozos en San Andrés, son casualidad del destino.

Hay una explicación del porqué un territorio insular que nunca había sido golpeado por un huracán de esa magnitud, padeció dos de ellos en apenas 15 días y podría recibir uno más en las próximas 72 a 96 horas si la onda que se está formando en el Caribe colombiano se convierte en depresión tropical.

En términos sencillos, hasta hace poco las aguas que rodean a nuestro archipiélago eran más frías y eso disminuía la intensidad de tales fenómenos naturales. Ahora el océano se ha calentado, lo que incide en que esos sistemas ganen más fuerza y su magnitud llegue a ser devastadora. Palabras más, palabras menos, y a pesar de los incautos que lo siguen negando, es el cambio climático.

Y ahí tenemos la culpa usted y yo, también los dirigentes que deberían estar al frente de las soluciones pero se enredan entre los intereses políticos y económicos, e incluso las organizaciones internacionales que deberían tener la capacidad de liderar las acciones para detener esta salvajada que cometemos contra el planeta.

Por esa inconsciencia que comenzó hace un siglo y poco más cuando creímos que podíamos hacer la revolución industrial a cualquier costo, o que no tendría ningún efecto convertirnos en unos depredadores de los recursos naturales y en unos contaminadores natos, es que hoy San Andrés, Providencia y Santa Catalina, pero también el Chocó, Dabeiba en Antioquia y la costa Caribe, padecen por el paso del huracán Iota. Las islas porque las tocó de frente y el interior del país porque la depresión tropical causó los aguaceros torrenciales que lo inundaron.

Entonces mi pregunta es qué vamos a hacer; si aún sabiendo que somos la causa y a la vez sufrimos las consecuencias -cada vez más devastadoras, por cierto-, seguiremos en esa insensibilidad y en esa apatía que nos caracteriza. Ya no bastan los mea culpa ni son creíbles las lágrimas que derramamos por quienes hoy se quedaron sin techo o, peor aún, por quienes murieron por causa de Iota y sus coletazos.

El calentamiento de los océanos y del resto del planeta no retrocederá solo porque así lo deseemos, ni el cambio climático dejará de ser porque lo ignoremos. Mientras sigamos emitiendo 2,4 gigatoneladas de dióxido de carbono al año (sí, yo tampoco tengo ni idea a cuanto equivale una gigatonelada pero me imagino que es una cantidad exorbitante),
mientras tumbemos 13,7 millones de hectáreas de bosques anualmente o botemos al mar 6,4 millones de toneladas de residuos, no habrá mundo que resista, ni huracán que se evite, ni avalancha que se impida o sequía que no llegue.

Es así como usted y yo, los líderes de su comuna y los dirigentes del país, las organizaciones internacionales y cualquiera que habite la Tierra, tenemos un grado de culpabilidad en que los huracanes hayan llegado a San Andrés y la impacten a futuro con más frecuencia cuando esos fenómenos naturales, que hacen parte de la vida en movimiento del planeta, nunca se habían interesado de más en el Caribe colombiano.

Por eso ayude a los damnificados y sea solidario con ellos, pero sobre todo piense en esta casa en la que habita, a la que destruye a veces sin darse cuenta, y haga algo mientras a la vez les exige a quienes tienen el poder de cambiar el rumbo, que no se queden de brazos cruzados a la hora de salvar el planeta.

Sigue en Twitter @Veperea

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