¿Rearme?

¿Rearme?

Abril 23, 2018 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

‘Iván Márquez’ se fue al Caquetá desde donde salió con ‘El Paisa’ en un video exigiendo la liberación de ‘Jesús Santrich’ y advirtiendo que ‘El Paisa’ no continuará en la zona de concentración mientras no liberen a ‘Santrich’. Liberación con la que -a juzgar por su trino más reciente- no está de acuerdo ‘Timochenko’.

El máximo líder de las Farc, en un gesto de sensatez refrescante en esta preocupante coyuntura de la paz, escribió: “En el momento en que firmamos el acuerdo aceptamos la constitución y las leyes y es nuestro deber actuar ajustados a ellas. Quien no lo haga debe atenerse a las consecuencias y ahí difícilmente puede pedírsele solidaridad al partido”.

Si Santrich -como dice la Fiscalía- delinquió, debe responderle a la Justicia. Punto. Lo dice ‘Timochenko’ y lo han dicho y repetido los candidatos a la Presidencia. Pero ‘Timochenko’ se recupera de quebrantos de salud y no está tan activo como ‘Márquez’ con la ‘guerrillerada’, así que el mensaje alivia, pero no sana las heridas de esta paz tan golpeada.

Estamos viviendo el momento más complejo desde que se firmaron los diálogos de Cuba. Como todo lo que vale la pena en el mundo, la implementación de los acuerdos está llena de retos, espinas y hampones que vuelven a delinquir. Pero el objetivo final del proceso de paz: la desmovilización de los guerrilleros, el paso de la violencia a la política, debería ser un bien supremo nacional y estar por encima de tintes políticos y episodios infortunados.

Lo más importante que ha pasado en la Colombia reciente es el proceso de paz. Esa posibilidad de convivir con los adversarios y entender que el mundo no es sólo para quienes piensan igual. Se nos olvida cómo eran los años de bombas y atentados, secuestros masivos y pescas milagrosas. Se nos olvida que no podíamos viajar a algunos lugares y los periodistas no destapábamos escándalos de corrupción, sino que narrábamos con el corazón en la mano, historias de minas antipersona y muertos y más muertos uniformados y no.

‘El paisa’, que hoy cuida a Márquez fue el artífice de los peores atentados, el del Club El Nogal incluido. El tipo llevaba dos años concentrado en Caquetá y que un delincuente de ese calibre entregara las armas para apostarle a la política es aplaudido en el mundo entero, menos en este país. Colombia es hoy distinta, las noticias son distintas, el desprecio logró abrirle espacio al diálogo y por eso cuidar el proceso de paz debería ser objeto inamovible de todos los candidatos a la Presidencia. Porque la guerra significa muerte y privilegiar la vida sobre la muerte es la consigna más elemental de la civilización humana.

Por eso me estremezco cuando leo y escucho a tantos valientes casi celebrando esta crisis del proceso de paz. A ver si esos valientes se van al monte a empuñar armas. No, porque la guerra en Colombia es una guerra de pobres y madres que lloran sus hijos y que se libra por allá, lejos, en el Cauca, el Catatumbo, Caquetá y Nariño. Sólo pensar en que esta crisis pueda terminar en un rearme de las Farc, debería ser motivo de desvelo nacional y no de tanto político aprovechando una preocupante coyuntura que podría significar un regreso espantoso al infierno que ya vivimos.

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