Lo posible

Lo posible

Julio 29, 2019 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

A los 18 años, hace tan sólo cuatro, Egan Bernal decía que su sueño era ganar los tres grandes tours del ciclismo mundial. A sus 22 logró el primero. Con un triunfo impredecible, puso el fin de semana a llorar de emoción a todo país acostumbrado a las tristezas, portando orgulloso su camiseta amarilla, con su novia Xiomara a su lado y su familia enternecida desde Colombia hasta los Campos Eliseos.

Siete años atrás, este muchachito oriundo de Zipaquirá, una población a 42 kilómetros de Bogotá, donde sobresale una majestuosa catedral de sal, hacía ‘vaca’ en Facebook para financiar un viaje a Europa que, pensaba, sería definitivo en su carrera. Quería ir al mundial de ciclo montañismo en Noruega. Finalmente lo logró y fue subcampeón. Razón tenía su obstinación. Lo suyo son los retos, la perseverancia y la convicción.

Es el retoño más prominente de varias generaciones de ciclistas que le han dado grandes glorias a este deporte al país y que comenzó con Cochise para pasar por los del Café de Colombia, Lucho Herrera, Fabio Parra -el primero en pararse en un podio en 1988-, el gran Santiago Botero y los no menos geniales Nairo Quintana y Rigoberto Urán. Todos fuertes, convencidos; son los escarabajos que se hicieron enormes pese a que el país a veces  les dio la espalda, y a punta de esa obsesión que suele acompañar los grandes triunfos.

Egan es la proclamación de las generaciones que nos hicieron soñar con podios y champagne a borbotones. Pero es, sobre todo, el resultado de sí mismo: "No creo que sea imposible", dijo alguna vez cuando le preguntaron si lograría llegar tan lejos como soñaba. Y no lo fue. Lo suyo es una sumatoria de primeras veces: primer latinoamericano en llegar a la Meca del ciclismo mundial, primer colombiano campeón del Tour de Francia, el ganador más joven en cien años, ¡primer colombiano!
Impresionante por donde se le mire.

Es, además, un millenial que deja sin palabras a quienes critican esas generaciones de pelados que se la pasa frente a un computador. Egan tiene redes sociales, novia mediática, es de la generación del Instagram y es la demostración de que lo uno no quita lo otro. Se puede ser exitoso, talentoso, comprometido con el deporte, el amor y la vida, y youtuber al tiempo.

Como si fuera poco es, el ejemplo a seguir de miles de niños que lo han visto durante estos días, triunfante, dejando por el cielo el nombre tan golpeado de nuestra patria. A Egan Bernal hay que agradecerle especialmente eso: que tantos niños hoy quieran ser como él. Y que como consecuencia de su triunfo inmarcesible piensen que a pesar de las tragedias de este país y de tanto político corrupto que nos tira la emoción al piso todos los días, es posible ser grande, honesto y campeón.

Viva Egan, su mamá que se hizo a punta de trabajo en una empresa de claveles; viva su novia que lo acompaña desde que él tenía 17 años, vivan los ciclistas y los deportistas que son ese bálsamo que nos permite mirar hacia París, al menos durante un fin de semana, para que le pongamos una pausa a la tragedia colombiana. Salud, por más niños que quieran ser como Egan Bernal.

Sigue en Twitter @vanedelatorre

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