Un escritor mexicano

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Un escritor mexicano

Diciembre 03, 2019 - 11:40 p. m. Por: Santiago Gamboa

No les hablaré de los muchos autores mexicanos que transitan con frecuencia por las ferias y festivales literarios de Colombia. No me referiré esta vez ni a Volpi o Villoro ni a Guadalupe Nettel, tres de los más conocidos y queridos aquí, sino a un narrador que, extrañamente, no ha sido aún muy leído en Colombia a pesar de su enorme talento. Se llama Enrique Serna. La literatura tiene esas cosas. A veces se olvida de popularizar a ciertos autores, porque sí, hasta que un día desembarcan con su carga completa y, entonces, a todo el mundo le parece muy raro que sus libros no hubieran llegado antes.

Pasó, por ejemplo, con el uruguayo Mario Levrero. Pasó hace mucho con César Aira o con Osvaldo Lamborghini. Y ahora pasa con Enrique Serna, nacido en Ciudad de México en 1959, y por eso quiero adelantarme a su segura llegada, tal vez para propiciarla o hacerla inminente, pues he leído ya cuatro de sus libros y la verdad es que cada vez me convence de que es una de las voces poderosas de la literatura latinoamericana actual.

Su última novela es, sencillamente, genial. Se llama El vendedor de silencios, una recreación novelada del más influyente periodista político de México a mediados del pasado siglo, Carlos Denegri, quien hizo de su columna semanal en el diario Excélsior un verdadero cadalso para sus criticados y una tarima o púlpito para sus defendidos. Por eso acabó ganando más dinero por las cosas que no decía o callaba que por sus publicaciones, ya que todos los políticos, empresarios o personalidades del mundillo público lo temían y adulaban, y no les temblaba la mano a la hora de ofrecerle pagos mensuales para que ensalzara sus logros o, sencillamente, evitara mencionar sus escándalos.

Denegri tenía un grupo de investigadores y un dossier muy nutrido de cada político de México, lo cual le aseguraba protección, generosos recursos e influencia política, evidenciando cómo en esos años el periodismo estaba completamente corrompido, entregado de rodillas a la misma corrupción de la clase política y pública del país. Al lado de esto, la novela también relata de forma magistral el caos de su vida sentimental, su alcoholismo, sus problemas de identidad y un machismo agresivo y violento que hoy podrá parecernos del Pleistoceno, pero que en realidad campeó sobre nuestras sociedades hasta hace muy poco.

Leyendo El vendedor de silencios desde Colombia uno se pregunta: ¿Cuál fue el Denegri local? ¿Cómo fue aquí la relación entre la prensa y el poder en una época en que los delgados límites entre lo privado y lo público estaban tan poco definidos?

Y algo más: la descripción de la violencia política y el modo en que, en esos años, la victoria de un candidato era un triunfo de la fuerza y por lo tanto la presidencia se consideraba un botín de guerra al que el ganador y sus secuaces tenían acceso ilimitado, y esto, según muestra Serna, no sólo incluía dinero y privilegios, sino que también, como en la lejana Troya, el acceso a mujeres, en una increíble mezcla de lo íntimo con los intereses políticos.

Un extraordinario retrato de una sociedad a mediados del Siglo XX, que es a la vez un espejo para todos los países de América Latina. Y ya que estoy con Serna les dejo aquí otros de los títulos que he leído y recomiendo: La doble vida de Jesús, El miedo a los animales y Señorita México.

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