Para leer y comprender la vida

Para leer y comprender la vida

Marzo 19, 2019 - 11:55 p.m. Por: Santiago Gamboa

Tuve la suerte de nacer en una casa en la que había una biblioteca de cerca de 5 mil libros, pues mis padres eran jóvenes intelectuales, profesores de la universidad pública de Bogotá en ciencias humanas y artes. Por eso, desde niño, pude sentir el valor de los libros. Eran el centro de mi casa familiar y las estanterías eran como una planta que iba colonizando los muros. Pero la vida no es igual de generosa con todos y hay mucha gente que nace en casas desnudas de libros. Una casa sin biblioteca es una casa silenciosa de palabras esenciales, en la que probablemente haya mucho ruido proveniente de la televisión o del radio. Esa es la educación y la suerte de la mayoría y por eso las bibliotecas públicas son tan importantes.

La biblioteca equilibra la mala suerte de quienes nacieron en casas repletas de bullicio. Allí están los libros, al alcance de todos. Por eso las bibliotecas llevan a la práctica la verdadera democracia, pues iguala las oportunidades. Siendo escritor ya adulto -y entrando de ladito a la tercera edad- he conocido centenares de escritores, y siempre que conozco uno me intriga saber cuál es su origen desde el punto de vista de los libros. ¿Proviene de una biblioteca familiar o de una biblioteca pública? Me he llevado sorpresas.

Pondré dos ejemplos españoles muy conocidos. Dos Javieres. Javier Marías y Javier Cercas. Novelas como Soldados de Salamina, de Cercas, o Corazón tan blanco, de Marías, nos disparan al interior de un universo muy privado y, a la vez, nos hacen más comprensible el nuestro. Pues bien, parecería una frivolidad pensar en los orígenes de estos dos autores, pero al verlos de cerca encontramos que Javier Marías nació en Madrid, en el barrio de Chamberí -barrio de clase media alta-, hijo de un gran escritor y filósofo español, Julián Marías, lo que quiere decir que el joven Javier tuvo una riquísima biblioteca familiar, profusa en temas diversos y en varios idiomas, lo que sin duda lo acercó a la literatura inglesa, una de las que más ha influenciado su mundo narrativo.

Si vamos al otro Javier, a Cercas, encontramos una familia de clase media rural de un pueblo de Extremadura bastante insignificante o perdido llamado Ibahernando, con una experiencia de inmigración, en medio de la niñez, hacia Gerona. Seguramente que las condiciones de vida familiar de este Javier no fueron tan estimulantes para la lectura como las del otro, pues además, la familia Cercas era falangista, una ideología reñida con cualquier forma de cultura que valiera la pena y que, como es sabido, estuvo en el poder en la oscura y lenta España de Franco en la que ambos vivieron su infancia y adolescencia.

Esta diferencia, que en un país como la Colombia de esos mismos años podría ser definitiva, se igualó en el caso de los Javieres gracias a dos instituciones fundamentales: la universidad pública y las bibliotecas públicas, que incluso en un gobierno como el de Franco, que era fascista, pero de raíz populista, fueron protegidas. En Colombia la democratización de la cultura llegó muy tarde y por eso durante generaciones los escritores eran señoritos de la alta sociedad, la única que podía disponer de una refinada educación libresca. Pero gracias a la gestión pública de la cultura todo esto cambió y por eso conviene tanto seguir apoyándola.

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