Padura

Padura

Septiembre 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Santiago Gamboa

Uno de los invitados centrales del festival ‘Oiga, mire, lea’, cuya sede principal es la Biblioteca Departamental, es el novelista cubano Leonardo Padura, el más exitoso de su generación y que cuenta con el principal premio al que puede aspirar un escritor, que es el de los lectores, no sólo de Colombia y América Latina sino prácticamente de todo el mundo, pues sus libros se leen en más de 20 idiomas. De un lado gracias a la serie de novela de negra protagonizada por Mario Conde, y del otro por sus novelas de tintes históricos, aunque el gran detonador de su éxito fue un libro largo y muy exigente, El hombre que amaba los perros. Con esta historia Padura dio un gran salto adelante y empezó a ser celebrado a nivel planetario.Nunca olvidaré una noche de julio de 1992, en el hotel Chamartín de Madrid. Yo acababa de llegar de París como periodista para cubrir la Semana Negra de Gijón, dedicada a la literatura de género policial, cuya primera jornada era el Tren Negro que partía de Madrid. Todos debíamos llegar a ese hotel, pues al día siguiente, muy temprano, salíamos juntos hacia Gijón. Pero al registrarme me llevé una sorpresa y fue que el festival tenía por costumbre alojar a dos invitados por cuarto. Me pareció incómodo pero lo acepté, emocionado como estaba por ir a la Semana Negra. Al subir a la habitación no había nadie y rogué porque mi compañero no viniera, pero después de la comida, casi al filo de la medianoche, volví a subir y ahí lo vi: era un cubano de barba muy negra estilo Abraham Lincoln. Nos presentamos, nos lavamos los dientes por turnos y luego cada uno se metió en su cama, pero al apagar la luz ocurrió algo monstruoso: ¡El cubano empezó a roncar como si se hubiera tragado una motosierra! Desesperado volví a vestirme y salí a buscar un bar donde pasar la noche. El de la estación ya había cerrado así que debí ir a uno de taxistas que abría hasta el amanecer. Regresé al cuarto poco antes de las seis, hora en que había que levantarse, para usar de primero la ducha. El cubano me dio los buenos días sin preguntar nada, pero luego se pasó el festival diciéndole a todo el mundo: “¡Qué raros son los colombianos! Se acuestan con su pijama completo y apagan la luz, pero a los diez minutos se vuelven a vestir y se van. ¿Duermen todos tan poquito?”En sus novelas, y de la mano de Mario Conde, Padura me ha hecho conocer los problemas y sinsabores de La Habana, lo que él llama la cultura ciclónica de la ciudad, atacada cada cierto tiempo por esos vientos endiablados, pero también el valor de las viejas amistades y el apego a ciertos barrios, a ciertas casas que son el paisaje de nuestra vida y que, de algún modo, saben de nosotros. Y por encima de todo el amor a la escritura, a esa novelita llamada Pasado perfecto que Mario Conde está escribiendo en Paisaje de otoño, vale decir, en medio del huracán que ya llega, y por eso mientras todos están amarrando las tapas de los depósitos de agua o cargan colchones o televisores, Conde sigue atornillado a su cuaderno, “hasta que otro estruendo, llegado de la calle, le advirtió al escribano que la demolición continuaba, pero él se limitó a cambiar de hoja para comenzar un nuevo párrafo, porque el fin del mundo seguía acercándose, pero aún no había llegado, pues quedaba la memoria”. Este es el Padura que podremos escuchar acá en Cali, el jueves y el viernes. Los esperamos.Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

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