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Los homicidios en las alcaldías Ospina

Junio 27, 2021 - 06:30 a. m. 2021-06-27 Por: Santiago Cruz Hoyos

Las curvas de los homicidios en Cali revelan un dato curioso: durante las alcaldías del médico Jorge Iván Ospina, los asesinatos aumentaron. En su primera alcaldía, por ejemplo, 2008 – 2011, la tasa de homicidios aumentó 20 puntos. En 2008 Cali cerró el año con 1470 asesinatos; en 2009 fueron 1803; en 2010, 1833 y en 2011, 1852. A diferencia de quienes le siguieron, el también médico Rodrigo Guerrero y el empresario Maurice Armitage, Ospina no logró en ninguno de esos primeros años en los que fue alcalde bajar los crímenes.

En lo que va de su segunda alcaldía podría ocurrir lo mismo. Ni siquiera en 2020, en una ciudad confinada debido a la pandemia del coronavirus, los asesinatos bajaron como se esperaba. Mientras que Medellín reportó una disminución de 200 muertes por asesinatos en ese año, en Cali la diferencia fue de 42 con respecto a 2019. Hubo barrios donde aumentaron los homicidios pese al confinamiento: El Morichal, Marroquín I, Manuela Beltrán, El Retiro, Los Lagos, Siete de Agosto, Lili…

Las estadísticas de 2021 dicen que en los últimos cuatro meses los homicidios están por encima del promedio del año anterior. En marzo hubo 89 homicidios, contra 69 de marzo de 2020; en abril de este año mataron a 71 personas, y en abril de 2020 fueron 48; en mayo la cifra superó los tres dígitos: 179 personas fueron asesinadas en Cali, mientras que en 2020 fueron 98.

En total, hasta el 21 de junio de 2021, en la ciudad mataron a 594 personas, como si nos hubiéramos acostumbrado a las noticias de una ciudad en guerra, y, de seguir así, volverá a subir la tasa de crímenes, se retrocederá a los datos de años anteriores que ubicaron a esta capital entre las más violentas del mundo. ¿Por qué en las alcaldías Ospina los homicidios suben?

Parte de la respuesta está en lo que le señalan concejales como Diana Rojas, y analistas de seguridad como Álvaro Pretel y Alberto Sánchez: la seguridad no ha sido una prioridad en la agenda de Ospina. Un funcionario de su primera alcaldía me contó lo siguiente:

“En su primer periodo Ospina tenía una rencilla con la Secretaria de Gobierno de la época, Eliana Salamanca, cuota política de Juan Carlos Martínez. Esa Secretaría era la que manejaba la seguridad. Y Ospina no se hablaba con ella. Era como si esa Secretaría no estuviera dentro de la alcaldía, había una desvinculación completa, entonces obviamente no había una voluntad política desde el alcalde hacia la seguridad ciudadana. Eso se vio reflejado en las estadísticas de homicidios, que subieron de manera dramática año tras año. Es un comportamiento que evidencia que la seguridad no era importante para el alcalde”.

No es lo único que demuestra que para Ospina, la seguridad en una ciudad donde matan a 1000 personas al año no es prioridad; hace unos meses anunció que el presupuesto de la Secretaría de Seguridad lo iba a reducir. Eso no prosperó por la presión de los ciudadanos, los medios, y los pocos concejales que le hacen oposición, pero dice mucho de su manera de pensar.

En los días del Paro Nacional me encontré muchachos en la llamada Primera Línea que daban otra pista de por qué suben los homicidios: en el pasado, me contaban, hicieron parte de los programas sociales de las alcaldías de Guerrero y Armitage, como el programa TÍOS, que priorizaba el gasto social de Cali en los territorios afectados por la violencia, iniciativa que Ospina no continuó, o el proyecto de atención integral a jóvenes en situación de vulnerabilidad de Cisalva, que pese a lograr una reducción del 88% en los homicidios de jóvenes que pertenecían a pandillas, y cubría a 2500 muchachos del oriente, Ospina decidió reemplazarlo por un proyecto que partió de cero: Perla. Es decir:
la inversión social de su segunda Alcaldía ha sido mínima, lo que se traduce en la violencia en las calles.

Otras de las explicaciones al por qué bajo su gobierno los crímenes suben en Cali es la manera de elegir a los secretarios que se encargan de la seguridad; se elige según quien lo acompañó en campaña, y no por la experiencia y la capacidad técnica, lo que genera otros problemas: una baja ejecución del presupuesto, lo que se evidenció en 2020, y unas malas relaciones con la Policía, condicionadas también por las ideologías políticas de Ospina.

Es un asunto que quizá pretenda corregir con la llegada del coronel retirado del Ejército, Carlos Javier Soler Parra, como nuevo Secretario de Seguridad, cuyo reto será lograr que esta ciudad no vuelva a crecer 20 puntos en la tasa de homicidios, como ya sucedió en el primer mandato de Ospina.

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