El eco de las cosas

Escuchar este artículo

El eco de las cosas

Abril 05, 2020 - 06:35 a. m. Por: Santiago Cruz Hoyos

A lo mejor pensaron que estaba loco. Como en los recreos del colegio yo prefería irme a escuchar las historias que me contaba el carpintero que jugar con mis amigos, consideraron que me atendiera un psicólogo. Al final fue la directora la que me preguntó por qué hacía eso y yo le dije que simplemente me gustaban los cuentos que narraba el carpintero mientras pulía las tablas con su esmeril. Me dejaron en paz.

No recuerdo el nombre del carpintero. Solo que era un anciano afro de barba canosa. Cuando yo entraba al taller, él apenas se sonreía y me empezaba a contar algún relato de su pueblo en el Pacífico, donde pululan los espantos y los duendes. Era un contador de historias afinado. Medía los tiempos, calculaba el suspenso, apresuraba el final justo cuando iba a sonar el timbre para regresar a clases.

En las noches, como siempre me he acostado tarde, con mi mamá nos quedábamos dormidos oyendo un programa en AM donde la gente llamaba a contar sus problemas y a mí me gustaba prestarles atención. Después comencé a seguir otro programa que se llamaba Hablar por Hablar, y los oyentes hacían lo mismo: contar historias.

Yo creo que en parte elegí ser periodista por eso. Soy feliz oyendo las historias de la gente. Es mi lugar natural en el mundo. En las reuniones sociales, en las fiestas, me siento más cómodo escuchando que hablando. Cuando era niño me la pasaba en la cocina oyendo los cuentos de las señoras que nos ayudaban en la casa o en el almacén de motosierras. A veces yo pedía permiso y hasta me iba a dormir a la casa de ellas. Aura, por ejemplo, tenía un bimbo en el patio y ella le hablaba como si fuera un familiar cercano.

Ahora que el mundo está en cuarentena y todo se hizo tan silencioso intento lo mismo: escuchar lo que el planeta nos está diciendo. A veces, por la ventana del estudio, veo pájaros en manada donde antes estaban los carros, mariposas donde antes trotaba la gente, y creo que la Tierra está hablando.

También escucho a las personas que pasan todas las tardes con tapabocas y dicen con acento venezolano: “con todo respeto, ¿nos puede hacer una donación alimentaria?”

O a la profesora Cristina Upegui, coordinadora del colegio público Santa Fe, y maestra de licenciatura en la Universidad del Valle, quien me cuenta que aunque en tiempos de coronavirus le ha fascinado explorar nuevas herramientas para dar sus clases virtuales, se siente triste al comprobar que hay estudiantes, de esos que los maestros llaman “ejemplares”, que no se conectan porque no tienen Internet. Otros no lo hacen porque no tienen computador. Hay algunos que se conectan, pero no tienen cámara, por lo que la profe Upegui no puede leer “el clima” de la clase. En el aula siempre está atenta a sus gestos como termómetro para medir su interés en el tema del día o en los debates grupales.

La profe también me contó sobre un alumno de primer semestre que lo sacaron del cuarto donde vivía porque se quedó sin con qué pagar el arriendo. “La emergencia sanitaria desnudó lo que antes no veíamos por las carreras del día a día y que ahora se hace tan nítido con este freno del planeta: somos una sociedad en la que la mayoría vive en situaciones muy precarias. Vivimos al día”, decía ella.

A lo mejor en estos días de calles fantasmas lo que debemos hacer es eso: escuchar lo que el planeta está diciendo. Como dice el padre Francisco De Roux, nos creíamos invencibles y hasta los países más soberbios, ricos y poderosos tuvieron que parar.

Yo espero haber escuchado algunas lecciones. Durante el confinamiento he aprendido a gastar en lo necesario, a reconocer lo que es importante y lo que no, a mirar con más interés a mi alrededor: el señor que abre la tienda, el cajero que atiende la panadería, el hombre que desde hace un mes vive en el parque en una carpa. Todos los días, en las mañanas, parece meditar o hacer yoga. O tal vez intenta seguir un consejo del maestro Juan José Hoyos. “El hombre que va por la vida con la mente y el corazón abiertos, escucha el eco de las cosas”.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS