Un buen ejemplo

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Un buen ejemplo

Julio 31, 2020 - 11:35 p. m. Por: Ricardo Villaveces

Bastante se ha escrito recientemente acerca de cómo será el mundo post Covid-19 y sólo el tiempo nos dirá qué tantos y qué tan profundos serán los cambios. Los optimistas piensan que esto va a hacernos más responsables ambientalmente, que estamos descubriendo el valor de la familia y de la amistad y que seremos una sociedad más solidaria. Los escépticos piensan que no habrá cambios significativos y que el mundo seguirá comportándose igual, pero habiendo retrocedido significativamente en muchos de los logros que se habían alcanzado, como es el caso de la lucha contra la pobreza. Los pesimistas ven con gran preocupación lo que esto puede significar en relación con el crecimiento del autoritarismo, el populismo y la pérdida total de privacidad, de lo cual nos están dando muestras sociedades asiáticas e incluso varias de las occidentales.

Sólo el tiempo nos dirá qué va a dejar al mundo el coronavirus y, muy posiblemente, será una combinación de efectos de todo tipo. Cuando se ve que el mandatario de la superpotencia y quien estaría llamado a ser el líder en la lucha contra la pandemia, no sólo en su país sino a nivel planetario, es capaz de politizar el tema como lo ha hecho y ha sido capaz de asumir esa serie de comportamientos irresponsables con sus conciudadanos cualquier cosa se puede esperar.

Esa actitud deliberada de seguir minando la estructura de las instituciones multilaterales es desafortunadamente el comportamiento típico del matón que se aprovecha de las debilidades de unas entidades que venían mostrando deterioro y agotamiento. Pero, antes que destruirlas, lo que requieren es renovación y fortalecimiento frente a las realidades del comercio y al crecimiento desmedido de empresas globales que poco a poco se han ido convirtiendo en verdaderos superestados.

Por todo lo anterior resulta tan importante lo alcanzado esta semana por los líderes de los países de la Unión Europea. Fueron capaces de mirar al futuro y sobreponerse a dogmas y prejuicios que los habían venido debilitando, a tal punto que el Brexit había puesto en duda su supervivencia. Esa es pues una de las herencias positivas que va a dejar la pandemia. El fortalecimiento del esquema de integración más ambicioso realizado volvió a sus orígenes de las épocas de la posguerra.
Temas como el de la solidaridad y aceptar las realidades y particularidades de sus miembros permitieron dejar atrás esas miradas simplistas que se limitaban a mirar solo los números y casi acaban con muchos países después de la crisis de 2008, cuando las fórmulas se reducían a pedir austeridad y más austeridad.

Hoy vuelven a hablar de gasto público, de subsidios, de préstamos condonables y, en últimas, de buscar el desarrollo económico y social de todos sus pobladores. Todavía le falta al esquema aprobado el paso por los parlamentos de sus países, pero tener al país más rico y a su indudable líder, la señora Merkel, impulsando esta fórmula le dan a la misma grandes posibilidades de éxito.

Ojalá esto permita romper paradigmas que han venido produciendo tanta inequidad abonando caminos para el populismo y el autoritarismo.

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