Productividad y más productividad

Productividad y más productividad

Noviembre 09, 2018 - 11:35 p.m. Por: Ricardo Villaveces

Hay una percepción bastante generalizada entre los colombianos de que somos gente recursiva, con mucha iniciativa, que trabajamos bastante, que tenemos muy buenos gerentes. Esto lleva a muchos a pensar que somos un país con un buen nivel de productividad.

De otra parte, se afirma con frecuencia que los problemas de competitividad están asociados a las fallas del Estado y recurrentemente se escucha sobre los problemas de infraestructura, de comunicaciones, de burocracia, etc.

En agricultura es muy común oír que toda la eficiencia que se logra en las fincas se pierde cuando se pasa la cerca pues de la cerca para adelante es donde se pierde la capacidad de competir exitosamente.

Pues bien, es cierto que hay mucho de lo anterior, pero no es menos cierto que las comparaciones internacionales nos dejan mal parados y desde que se está haciendo un seguimiento más cuidadoso del comportamiento del país se observa avance en algunos frentes y muy poco progreso en otros campos. Lo más preocupante es que mejoramos frente a la situación en que nos encontrábamos, pero nos alejamos cada vez más de los países que lideran el desarrollo, que van mucho más rápido.

No es casual que esta semana coincidan en sus diagnósticos tanto la Corporación Andina de Fomento como el Consejo Nacional de Competitividad poniendo de presente el preocupante rezago que presenta el país no solo frente a los líderes, sino frente a países que podríamos esperar tuvieran peores indicadores que nosotros.

La presentación del Informe Nacional de Competitividad 2018-2019 debe dejar muchos temas de reflexión tanto a los funcionarios de gobierno y, muy especialmente, al sector privado.

Es indudable que hay empresas y empresarios de talla internacional, pero no es menos cierto que ese afán por proteger los mercados, por dedicar más esfuerzos a las gestiones frente al Gobierno que a la innovación, por la dificultad para concentrar los esfuerzos en la gestión al interior de las empresas antes que explicaciones por el tratamiento que sus competidores puedan tener en sus países ha significado una barrera significativa en el desarrollo.

En buena parte eso explica por qué somos un país que sigue dependiendo de los productos primarios en sus exportaciones, la diversificación mínima y los proyectos industriales nuevos son escasos.

Quizás en esta nueva economía de servicios y de lo que se denomina la Cuarta Revolución Industrial surjan emprendedores con una mirada diferente y en esa economía digital donde las barreras son menores, o al menos diferentes, aparezcan núcleos de alta competitividad que den ejemplo y ayuden a impulsar esa meta que debería ser un propósito nacional de aumentar significativamente la productividad y dejar de pensar que esas percepciones que tenemos de creernos muy recursivos y buenos gerentes son sinónimo de eficiencia y de creadores de valor en los niveles que lo están logrando los que sí están mostrando grandes progresos en el uso de los factores de producción de que disponen. Y en un mundo donde, además, es el conocimiento lo que marcará la diferencia, los riesgos de un mayor atraso son aún mayores.

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