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La mosca

Octubre 09, 2020 - 11:35 p. m. Por: Ricardo Villaveces

Es indiscutible que el proceso electoral de los Estados Unidos es un evento de trascendencia global, más aún cuando el mundo atraviesa una crisis solo comparable con la de la Gran Depresión. Es un momento en el que el liderazgo se convierte en un bien deseable como pocos. Liderazgo a nivel de los Estados, liderazgo a nivel de personas que despierte esperanza y sea modelo en épocas en las que la disciplina social y el autocontrol resultan esenciales para superar un problema que no tiene salida sencilla ni de corto plazo.

Los impactos en la economía, en el empleo, en la salud mental no se recuperan de un día para otro y el reacomodo a la llamada ‘nueva normalidad’ va a dejar a muchos tendidos en el campo. Otras serán las formas de trabajar, estudiar, realizar eventos, etc. En países como Nueva Zelanda hay logros muy destacables, pero ninguno de ellos tiene la influencia global de los Estados Unidos para liderar, como lo hizo en otras épocas, el esfuerzo global que se requiere para superar los efectos que de todo tipo ha traído la pandemia.

En esas circunstancias preocupa más que nunca el comportamiento que viene mostrando la que ha sido la superpotencia del último siglo. El fenómeno no es nuevo, como bien lo recuerda Paul Kennedy en su clásico libro: ‘Auge y caída de las grandes potencias’. Lo lamentable es que estamos presenciando lo que puede ser un proceso similar en una potencia que tiene toda clase de nexos y ha sido el punto de referencia para Colombia. ‘Respice Polum’ o ‘Mirar hacia el Norte’ ha sido la doctrina que ha orientado nuestras relaciones internacionales desde la época de Marco Fidel Suárez.

Hoy esa sociedad muestra unos síntomas de deterioro muy preocupantes. Que un personaje como Trump haya podido llegar a la presidencia ya es grave. Mucho más que tenga alguna posibilidad de ser reelegido. El asunto, sin embargo, es mucho más profundo. Que a estas alturas en ese país se estén desconociendo los resultados de la ciencia, que retornen enfermedades por rechazar las vacunas, que puedan resultar elegidos personajes vinculados a grupos como el QAnon, que crezca el supremacismo blanco al estilo del ‘KKK’, que el propio presidente cuestione la legitimidad de las elecciones, que tengan un sistema de salud que deja sin cobertura a millones de americanos y que cada día se perciba una fractura más honda entre ese país liberal, incluyente y defensor de la democracia y un país retrogrado, oscurantista, con millones de personas marginadas que se parecen más a las del mundo en desarrollo es algo muy preocupante.

Ese deterioro ha quedado evidente con los famosos debates electorales. El de los candidatos a la presidencia que mas parecía una gallera en un ‘banana country’ y el de los vicepresidentes, que fue mejor, pero en el que el tema destacado para muchos comentaristas y redes sociales fue el episodio de la mosca en el pelo de Pence no son más que síntomas de este proceso de decadencia del que estaba llamado a ser el orientador en estos momentos de incertidumbre.

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