Jugando con fuego

Jugando
con fuego

Marzo 15, 2019 - 11:35 p.m. Por: Ricardo Villaveces

Una mirada desprevenida sobre Colombia de un observador externo tiene que generar sorpresas y desconcierto, y recuerda las observaciones que hacía un académico extranjero hace unos años sobre las similitudes que teníamos con la Italia de los años 70.

En ese país el terrorismo era el pan de cada día con las acciones de las Brigadas Rojas, las huelgas eran permanentes y el gobierno y el Congreso vivían en un caos sin fin. En paralelo, sin embargo, el país iba para adelante y los ciudadanos se sobreponían a ese maremágnum y progresaban.

En Colombia hoy el crecimiento económico muestra una recuperación. La inflación está controlada, la tasa de cambio estable, no hay mayores problemas fiscales en lo inmediato y el mundo tiene una percepción positiva de nuestro país lo que se refleja en el muy importante crecimiento del turismo internacional y en la presencia de inversionistas que ven en el país grandes oportunidades.

Claro que tenemos infinidad de problemas, pero cualquiera que se de una vuelta por diferentes ciudades no puede sino concluir que a pesar de los obstáculos es mucho lo que estamos progresando.

Después del desgaste tan grande que tuvimos como sociedad con la polarización que llevó a las familias a distanciarse, a los amigos a no reunirse y en muchos casos a vivir situaciones incluso de hostilidad y agresión por cuenta de las diferencias en relación con algo incomprensible para ese observador, como era ver a una sociedad dividida por cuenta del proceso de paz, parecía que estábamos superando ese triste episodio. El talante del Presidente y las señales que venía dando iban en esa dirección de unir de nuevo al país en busca de propósitos comunes que impulsen nuestro desarrollo.

La caída de la popularidad y, seguramente, las presiones de la línea dura de su partido lo han llevado ahora a tomar posiciones que le ayudan en las encuestas, pero vuelven a generar reacciones que ocasionan grandes distanciamientos entre los colombianos. La posición asumida en el caso venezolano es valiente, tiene sentido estratégico por los beneficios que puede traer, pero, sin duda, es arriesgada si no tiene una definición cercana.

Más sorprende la posición respecto a la JEP pues, sin entrar a discutir el contenido ni la conveniencia de las objeciones, el hecho es que esto lo que va a generar es una polarización en el Congreso y un entorpecimiento en toda la agenda legislativa del gobierno sin un resultado claro tampoco en el caso de esa institución. La JEP seguirá funcionando con objeciones o sin ella y lo hará desarrollando sus propias reglas de juego, la Corte Constitucional muy probablemente confirmará lo que para ellos es un caso cerrado y el país entrará de nuevo en el desgaste que parecía superado.

Posiblemente desde un plano puramente electoral, con miras a las elecciones locales, esta estrategia les dé dividendos a los ‘halcones’ de la línea dura, pero aumentará el riesgo de que en las elecciones del 22 se agudice aún más esa polarización que ya vivimos y un dirigente populista estilo Petro termine siendo el gran beneficiado.

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