La última palabra

La última palabra

Octubre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Sí o sí. El expresidentes Uribe no tiene otra respuesta a la invitación del presidente Santos, al diálogo de paz que todo el país espera. Una respuesta negativa del jefe -un ‘duro’ jefe- de la oposición, sería lápida para su larga carrera pública. Uribe tendría que retirarse a sus cuarteles de invierno, empujado por el disgusto total de la sociedad colombiana a una respuesta insensata. Y el señor expresidente de eso no tiene un pelo. Es un viejo zorro del acontecer político, con ambiciones perceptibles. No es improbable que -antes que aparezca esta columna– la respuesta aceptando el civilizado diálogo, se produzca. Para bien del país y de los dos jefes. Que tienen en su mano la posibilidad de pasar a la historia nacional como los pacificadores de la infame guerra vivida; con estatua, gloria, admiración internacional, y un profundo sentimiento de gratitud de sus compatriotas. Cansados de la guerra absurda, lunática, en que hemos persistido con maniática torpeza.Toda guerra es, en esencia sucia, cruel, infame, innecesaria. No tiene justificación, salvo en claros casos de agresión, como la desatada por Hitler y su perversa doctrina Nazi. Para evitarla, hay que ganar la paz: sembrarla, afianzarla, convencer a todos de su infinita ventaja y ofrecer el diálogo como alternativa decente para dirimir conflictos. Esa idea ha prosperado. No lo suficiente. Pero se abre camino con prontitud. La sociedad universal prosperará y avanzará con éxito si la guerra desaparece. O, por el contrario, si ocurre, con millones de muertos, destrucción de ciudades, éxodo de centenares de miles de personas, en fin, toda la gama terrible de sangrientos sucesos que acompañan toda confrontación bélica, Occidente se desplomará.Se respira una vehemente aspiración de paz. Derecha, izquierda, centro, sin partido, católicos, protestantes, etc, etc claman por acabar el espantoso drama. El expresidente Uribe consciente de ese sentimiento colectivo –pienso que será así– debería responder positivamente a la propuesta del presidente. Y contribuir a formalizar la paz. Sin más dilaciones, cálculos políticos, posiciones sectarias de uno y otro lado. El pueblo colombiano así lo exige. Fin a la guerra: esa es la última palabra. En la vida de los líderes de una nación, hay un momento estelar que define su destino. Uribe está en él. Eso de pasar a la historia como el gran opositor a que la nación atormentada vuelva a una paz perdida hace tanto tiempo, no solo es soberbio error contra la voluntad colectiva. Es el final para la carrera política del beligerante expresidente.

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