Hay que salvar a Cali

Hay que salvar a Cali

Junio 07, 2011 - 12:00 a.m. Por: Ramiro Andrade Terán

Para afrontar de manera radical y efectiva el gravísimo fenómeno de inseguridad en Cali habrá que traer alemanes, chinos, rusos, japoneses, franceses. O marcianos, si es que encontramos algunos. Como si fuera poco lo que pasa con una ciudad que –por décadas– fue ejemplo de progreso, civismo, solidaridad de sus diversos estamentos y una alegría colectiva contagiosa, ahora se ha puesto de moda una lúgubre frase en boca de quienes están en la obligación de comprometerse en la solución de un problema que, sin una solución rápida, puede acabar con el presente y el futuro de una urbe que está entre las tres primeras de la Nación.“No puedo hacer nada”, es la respuesta de casi todos los que tienen que ver con una situación que se volvió intolerable. Cali: la bella, la ciudad “con ángel” –como decía García Lorca de Sevilla– no sólo afronta los demonios de la violencia urbana, la proliferación de bandas armadas que combaten entre sí con rigor y crueldad, el robo, el atraco, etc., etc. Soporta el olvido de autoridades nacionales y la debilidad de los gobernantes locales. Con la pasividad de la ciudadanía que parece resignada a que a la capital vallecaucana se la lleve el diablo.El presidente Santos vino, vio, y según los enterados, se regresó a Bogotá con una impresión: nadie está haciendo lo que debería para salvar a Cali de sus alarmantes dificultades.¿Qué hace la primera autoridad de la ciudad? Que se aprecie, poco, o nada. ¿Dónde está el poder de la ciudadanía? Se adormiló y ya no queda nada distinto al recuerdo de otras épocas cuando era un formidable instrumento para el progreso y la seguridad. Esa conformidad con una situación que se degrada día a día, hizo carrera. Es muy grande la indiferencia por su complicado presente y el avance de la inseguridad, el desempleo y las pandillas. El “no puedo hacer nada” está de moda. Ese conformismo es una plaga que invadió a Cali. Falta ánimo, ganas, decisión política y administrativa, para afrontar el flagelo y rescatar una ciudad que merece un destino mejor. No hay mucho tiempo para iniciar esa empresa ineludible. Todos podemos hacer algo por nuestra ciudad. Es una obligación. Esa tarea, por supuesto, debe tener una dirección administrativa y un comité cívico que movilicen –con el apoyo de los medios informativos y otros organismos– la dormida conciencia ciudadana. ¡Hay que salvar a Cali!

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